La hasta ahora vicepresidenta Rodríguez ha empezado a ejercer de presidenta de la República de Venezuela con un notable cambio en la hoja de ruta «antiimperialista» que siempre ha caracterizado al gobierno de Caracas. La aliada de Maduro ha invitado a Estados Unidos a trabajar juntos en una agenda común, con un matiz: «Venezuela mantiene su derecho a la paz, el desarrollo, la soberanía y el futuro», dijo. Rodríguez hizo estas declaraciones en Telegram mostrando buena parte de las cartas que aún se guarda en la manga. La primera es que ella misma atisba la posibilidad de que Venezuela pueda mantener una relación equilibrada con Estados Unidos, pero «sin interferencia».
Trump por su parte, expresó con su claridad habitual lo que ha pedido a la nueva autoridad: «Queremos acceso total a Venezuela. Acceso total a la industria petrolera y otras cosas que nos permitan reconstruir Venezuela. Reconstruir los puentes, la infraestructura. Todo lo que exijamos nos lo tiene que dar».
La respuesta de Rodríguez no se hizo esperar: «Extendemos una invitación al gobierno de Estados Unidos para trabajar juntos en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco del derecho internacional, y a fortalecer la convivencia comunitaria duradera. Esa es la Venezuela en la que creo, la Venezuela a la que he dedicado mi vida. Mi sueño es que Venezuela sea una gran potencia donde todos los buenos venezolanos puedan unirse», afirmó la presidente interina.
Hasta ahora, la información que ha trascendido es que Rodríguez habló el sábado con el secretario de Estado Marco Rubio y acordó cooperar en un gobierno de transición, tal y como reveló el propio Trump en su rueda de prensa. El domingo, el presidente estadounidense amenazó a Rodríguez durante una entrevista con The Atlantic: «Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto». Trump ha dejado claro que ahora Venezuela está sometida a Washington y que no abandonará la dirección del país hasta asegurar una transición «adecuada» en la que las empresas petroleras norteamericanas hayan tomado el control de la industria energética del país caribeño, que tiene el 17% de las reservas de petróleo probadas del mundo.
Las amenazas de Trump parecen estar surtiendo efecto. Rodríguez no ha pedido la liberación de Maduro ni de su esposa, Cilia Flores. Maduro comparecerá al mediodía de este lunes (hora local) en una corte de Nueva York acusado de narcotráfico. Ha trascendido que el juez que presidirá el juicio contra al ex presidente venezolano es
Aunque Trump mostró su entusiasmo por el desarrollo de la acción militar, lo cierto es que en el país cunde el desconcierto. Los altos funcionarios chavistas siguen en el poder, desde el ministro del Interior Diosdado Cabello hasta Vladimir Patrino López, ministro de Defensa, quien el sábado describió la captura de Maduro como un «secuestro cobarde».
Los líderes de la oposición, elegidos democráticamente en las elecciones de 2024, han sido marginados de un plumazo por Donald Trump, quien considera que María Corina Machado, premio Nobel de la Paz y máxima figura del antichavismo, «no tiene el respeto ni el apoyo dentro del país».
El único plan esbozado por EEUU es el que dibujó Trump en su histórica comparecencia del sábado, cuando reveló que un grupo de trabajo de asesores de alto nivel está muy involucrado en la planificación del futuro de Venezuela, si bien no aclaró cuáles son esas funciones y responsabilidades, y qué proyectos tiene para Venezuela más allá de asegurar para sus empresas el negocio petrolero, en manos de la empresa estatal PDVSA.
Según informa el periódico The Washington Post, la Casa Blanca está considerando darle a Stephen Miller, subjefe de gabinete de Trump y asesor de seguridad nacional, un papel más destacado en la supervisión de las operaciones en la Venezuela post Maduro. Miller ha sido el artífice de la política antiinmigratoria y fronteriza del gobierno estadounidenses, y desempeñó un papel central en la operación militar para derrocar a Maduro

