Sánchez aseguró que acudía a Múnich a encontrarse con amigos y aliados, “a escuchar a los expertos y a demostrar el compromiso de España con el orden multilateral y la seguridad de los países de Europa del este”. El líder del Ejecutivo aseveró que, aunque España está lejos de Rusia, “sabemos muy bien que Putin es una amenaza real” en un mundo que “se está volviendo más inestable”. Igualmente señaló, que España es consciente de que “los europeos debemos fortalecer nuestras capacidades de defensa para proteger, por supuesto, nuestras libertades, nuestra forma de vida”, y al mismo tiempo para “ofrecer garantías de seguridad a nuestros asociados internacionales”. A este respecto, destacó que desde que llegó a La Moncloa “España ha triplicado su gasto en defensa y ha duplicado el número de efectivos desplegados en misiones de la OTAN”. “Tenemos, por supuesto, que garantizar nuestra soberanía, nuestra integridad territorial y nuestra seguridad”, recalcó Sánchez, pero se mostró “firmemente convencido” de que el rearme nuclear “no es la senda a seguir y no soy el primero en pensarlo”.
Sánchez abrió su intervención citando una frase atribuida al expresidente estadounidense Ronald Reagan –«una guerra nuclear no se puede ganar y nunca se debe librar»– para subrayar que el debate sobre el rearme «no es una cuestión de izquierda o derecha, sino de hacer lo correcto». Según recordó el presidente español, los expertos estiman que Estados Unidos invertirá cerca de un billón de dólares en armas nucleares en las próximas décadas, mientras que el conjunto de potencias nucleares gasta más de once millones de dólares por hora en este tipo de armamento. Ante este escenario, Sánchez instó a frenar una nueva carrera armamentística y reclamó la negociación de un nuevo acuerdo de control de armas que sustituya al tratado START, recientemente expirado. «Se lo ruego: impidan el lanzamiento de una nueva carrera armamentística mientras aún sea posible. La humanidad los juzgará si no lo hacen».
Sin embargo, su planteamiento contrastó con el de otros participantes en la mesa redonda. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se mostró abiertamente partidaria de aumentar el gasto en defensa y cuestionó si el objetivo del 3,5 % del PIB sería suficiente. «Mi responsabilidad es proteger al conjunto de la OTAN», afirmó, al tiempo que defendió una mayor inversión en la industria de defensa europea y advirtió de que Rusia «solo entiende el lenguaje de la firmeza». Frederiksen llegó a señalar que Ucrania no puede ganar la guerra «con un brazo atado a la espalda» y reclamó facilitarle armas para atacar objetivos en territorio ruso. En una línea similar se expresó el presidente finlandés, Alexander Stubb, quien advirtió de que la amenaza rusa no desaparecerá cuando termine la guerra en Ucrania y llamó a cambiar la narrativa del conflicto: «Putin no está ganando; está fracasando militarmente». Stubb subrayó además la creciente importancia estratégica del Ártico y alertó del impacto del cambio climático como factor de inestabilidad.
Desde la perspectiva estadounidense, el senador demócrata Christopher Coons defendió el compromiso de Washington con la OTAN, que calificó de «muy popular» entre la ciudadanía estadounidense, y aseguró que el futuro de Estados Unidos «está en la Alianza». No obstante, admitió la necesidad de utilizar los recursos de defensa «de manera inteligente» y señaló a China como uno de los principales sostenes económicos del esfuerzo bélico ruso.
Durante el debate, Sánchez introdujo también cuestiones más allá de Ucrania, como la necesidad de respetar la integridad territorial no solo en ese país, sino también en Gaza y Cisjordania, y alertó de que el debate abierto sobre Groenlandia ha contribuido a «legitimar» algunas de las tesis expansionistas de Moscú. A su juicio, Estados Unidos debería aceptar que el futuro pasa por una Unión Europea más integrada y menos fragmentada, aunque reconoció que en algunos sectores del movimiento MAGA europeo esa integración se percibe como una amenaza. Una sentencia que no ayudará a mejorar la relación, ya deteriorada, con Estados Unidos.
