La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de no respaldar la candidatura de Pablo Hernández de Cos, ex gobernador del Banco de España, ha generado una notable controversia en los círculos económicos y políticos.
A pesar del reconocido prestigio internacional de Hernández de Cos y de su trayectoria intachable al frente del organismo, el Ejecutivo ha optado por marcar distancias y evitar cualquier gesto de apoyo explícito. ¿Por qué Sánchez no le perdona y ha decidido apartarse de su candidatura?
La respuesta, como suele ocurrir en la política española, tiene más que ver con las relaciones personales y las complejidades internas del poder que con la valoración objetiva del mérito profesional. Durante su mandato, Hernández de Cos mantuvo una postura crítica y vigilante respecto a las políticas económicas del Gobierno, especialmente en cuestiones como el déficit público, la sostenibilidad del sistema de pensiones y las reformas estructurales. Sus recomendaciones, aunque fundamentadas, no siempre fueron bien recibidas en La Moncloa, que percibió en ellas una falta de alineamiento con su agenda política.
Sánchez, que en los últimos años ha buscado consolidar su influencia en las instituciones clave, prefiere rodearse de perfiles que garanticen una cierta sintonía ideológica y lealtad política. El ex gobernador, por su parte, siempre defendió la independencia del Banco de España y no dudó en expresar opiniones que incomodaban al Ejecutivo. Esta falta de complicidad, sumada a episodios de desencuentros públicos y privados, ha hecho imposible cualquier intento de reconciliación.
El resultado es un claro mensaje al resto de altos funcionarios y candidatos institucionales: en la España de Sánchez, el apoyo gubernamental no se concede por el prestigio internacional ni por la excelencia técnica, sino por la afinidad política y personal. Hernández de Cos se ha convertido así en el último ejemplo de cómo la independencia puede convertirse en un obstáculo insalvable para quienes aspiran a cargos de máxima responsabilidad en la era del sanchismo.
Y eso por mucho que el propio ministro de Economía trate de escurrir el bulto con frases como que «hay que mantener un equilibrio» en el conjunto del Consejo de Gobierno del BCE y, por ello, el respaldo de España a uno u otro candidato se decidirá de manera «general» y con el objetivo de mantener «una representación significativa». Ahora bien, para no quedar mal, Cuerpo ha asegurado tener en «la más alta estima» a Hernández de Cos, un «excelente profesional con una carrera internacional más que contrastada» que, además, cuenta «con el reconocimiento de sus pares», aunque ha insistido en que no faltarán candidatos porque «España es una estupenda cantera».
Y usted señor ministro un pusilánime impresentable.
