Sánchez rechaza dejar «un mundo más inseguro y una vida peor», como dejó la guerra de Irak, según afirmó. El presidente pidió «estar preparados» ante lo que consideró «una guerra larga con numerosas bajas y por tanto con consecuencias graves también a escala global en términos económicos». Ante ello, la posición del Gobierno, señaló, «es clara». La misma que España viene manteniendo con Ucrania y también con Gaza, que es rechazar «la quiebra del derecho internacional» en clara alusión a los ataques que viene haciendo la administración estadounidense.
En segundo lugar, «no a asumir que el mundo solo puede resolver sus problemas a base de conflictos, de bombas y finalmente no a repetir los errores del pasado», señaló Sánchez para añadir que, «en definitiva, la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras no a la guerra».
El presidente recuperó así la famosa frase del expresidente Zapatero contra la guerra de Irak y afirmó que, por aquel entonces, «el regalo del trío de las Azores», en relación a los entonces mandatarios de Reino Unido, Tony Blair; Estados Unidos, George Bush y de España, José María Aznar, dejó en Irak un aumento drástico del terrorismo yihadista, una grave crisis migratoria en el Mediterráneo oriental y un incremento generalizado de los precios de la energía y por tanto también de la cesta de la compra, del coste de la vida».
Sánchez reconoció que todavía «es pronto para saber si la guerra de Irán tendrá consecuencias semejantes a la de Irak, si servirá para provocar la caída del terrible régimen de los Ayatolás en Irán o para estabilizar la región», pero señaló que «lo que sí sabemos es que de ella no va a salir un orden internacional más justo».
De ahí que criticase veladamente a Trump señalando que «es absolutamente inaceptable que aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido», el de crear un orden internacional más justo, «usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre. Los únicos que que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles».
Así, Sánchez se comprometió en primer lugar a asistir a los españoles que se encuentran en Oriente Medio. «Vamos a ayudarles a regresar a nuestro país, si ese, por supuesto, es su deseo». «El servicio exterior y el ejército están trabajando día y noche para articular dispositivos de evacuación», añadió. El presidente reconoció que «las operaciones son muy delicadas porque el espacio aéreo de la región no es seguro y porque su red aeroportuaria está gravemente afectada por los ataques, pero nuestros compatriotas pueden tener la certeza de que vamos a protegerles y de que vamos a traerles de vuelta a casa».
En segundo lugar, Sánchez aseguró que el Gobierno «está estudiando escenarios y posibles medidas para ayudar a los hogares, a los trabajadores, a las empresas, a los autónomos para que puedan mitigar los impactos económicos de este conflicto, si es que fuera necesario». Así, afirmó que «España cuenta en estos momentos con los recursos necesarios para hacer frente también de nuevo a esta crisis. Tenemos la capacidad, también la voluntad política y lo haremos de la mano de los agentes sociales, como lo hicimos durante la pandemia, la crisis energética o recientemente la crisis arancelaria».
Y, por último, el presidente también aseguró que España colaborará «con todos los países de la región que abogan por la paz y por el cumplimiento de la legalidad internacional, apoyándoles con los recursos diplomáticos y también materiales que se requieran. Vamos a trabajar con nuestros aliados europeos en una respuesta coordinada y que pueda ser definitivamente eficaz». Sánchez advirtió de que «muy a menudo las grandes guerras estallan por una concatenación de respuestas que se van de las manos por culpa de errores de cálculo, fallos técnicos, acontecimientos imprevistos», y, por tanto, pidió «aprender de la historia y no jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas. Las potencias involucradas en este conflicto deben cesar inmediatamente las hostilidades y apostar por el diálogo y la diplomacia».
En un mensaje velado a sus socios europeos, también señaló el deber de defender «los valores que defendemos cuando hablamos de Ucrania, de Gaza, de Venezuela o de Groenlandia porque la pregunta no es si estamos o no a favor de los Ayatolás. Nadie lo está, desde luego no lo está el pueblo español y por supuesto tampoco el Gobierno de España. La pregunta en cambio es si estamos o no del lado de la legalidad internacional y por tanto de la paz».
Reiteró que España repudia «el régimen de Irán que reprime, que mata vilmente a sus ciudadanos, particularmente a las mujeres», pero, al mismo tiempo, rechaza este conflicto y pidió «una solución diplomática y política».
«Estamos además con muchos otros gobiernos que piensan como nosotros y también con millones de ciudadanos y ciudadanas que en toda Europa, en Norteamérica y en Oriente Medio, lo que piden al mañana no es más guerra o más incertidumbre, sino más paz y más prosperidad, porque lo primero solo beneficia a unos pocos y lo segundo nos beneficia a todos», concluyó.

