Atribuimos este leve ajuste técnico a un ligero incremento de las expectativas de un posible recorte de tipos en 2026, aunque los mercados de swaps continúan anticipando estabilidad en los tipos de interés durante el resto del año. En este sentido, coincidimos con el consenso del mercado en que no se producirán movimientos de tipos en los próximos trimestres, lo que debería mantener al Euríbor a 12 meses oscilando dentro de una horquilla relativamente estrecha.
La ligera caída del Euríbor observada en febrero ha sido fruto, a su vez, de la moderación que ha experimentado tanto la inflación general como la subyacente de la eurozona. La general ha caído 0,3 puntos porcentuales al 1,7 %, mientras que la subyacente ha bajado al 2,2%. Este descenso coincide con la apreciación del euro frente al dólar, del 0,50 % desde comienzos de año, y que continúa abaratando el coste de las importaciones.
Las declaraciones de Lagarde tras la reunión de política monetaria del BCE a principios de mes indican que el banco central no se muestra excesivamente preocupado por esta reciente apreciación del euro ni por su potencial efecto desinflacionista. No obstante, algunos miembros del Consejo han advertido que la evolución del tipo de cambio podría influir en la senda de tipos en los próximos meses y que la vigilarán de cerca. Por el momento, esta fortaleza del euro no ha modificado nuestras expectativas sobre los tipos de interés en la eurozona para este año, y los niveles actuales de inflación siguen situándose dentro del escenario base del BCE.
Por otro lado, los indicadores de crecimiento siguen sorprendiendo ligeramente al alza y nos sugieren que el paquete fiscal alemán en infraestructura y defensa está empezando a surtir efecto. Lo hemos observado en el repunte del PMI compuesto de la eurozona, que se sitúa ahora en el 51,9, y también en el de Alemania, donde el subíndice manufacturero ha regresado a terreno expansivo tras casi cuatro años de contracciones. En definitiva, se empiezan a vislumbrar brotes verdes en la economía alemana, cuyo crecimiento debería impulsar marginalmente al de otros países europeos.
Finalmente, ni la reciente evolución de la inflación ni los indicadores de actividad justifican por ahora un recorte de tipos, y tampoco lo haría un eventual cambio en la presidencia del BCE. En las últimas semanas ha ganado fuerza la especulación sobre una posible salida anticipada de Lagarde antes de finalizar su mandato, con el objetivo de que Macron pueda influir en la elección de su sucesor antes de las elecciones generales francesas del próximo año y ante el posible avance de la ultraderecha. Se señala a Klaas Knot y a Pablo Hernández de Cos como principales candidatos a relevarla. En nuestra opinión, una salida temprana de Lagarde no alteraría la trayectoria de tipos del BCE, con independencia de quién la sustituya. En consecuencia, tanto los tipos de interés como el Euríbor se mantendrían estables a lo largo de 2026.
