Así lo ha confirmado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen. Es decir, la UE introducirá «contramedidas» en varias fases, como los aranceles en respuesta a los aplicados al sector del aluminio y el acero; y se están preparando otras medidas para «proteger» los intereses europeos «si fracasan las negociaciones», según ha explicado Von der Leyen. «Aún no es tarde para abordar las preocupaciones mediante negociaciones. Pasemos de la confrontación a la negociación», ha añadido la dirigente europea.
Según ha valorado, «los aranceles universales anunciados por EEUU suponen un duro golpe para las empresas y los consumidores de todo el mundo. Europa está preparada para responder. Siempre protegeremos nuestros intereses y valores. Pero también estamos dispuestos a dialogar». Bruselas planeaba reinstaurar automáticamente los aranceles que estuvieron vigentes entre 2018 y 2021 como respuesta a la primera guerra comercial de Trump, ampliando además la lista de productos afectados hasta alcanzar un valor estimado de 26.000 millones de euros, equivalente al impacto de las medidas estadounidenses.
Sin embargo, la entrada en vigor de estas medidas se ha pospuesto hasta el 12 de abril para permitir negociaciones tanto con Washington como dentro de la propia UE.
Este será uno de los temas centrales en la reunión extraordinaria de los ministros de Comercio, que se celebrará el próximo lunes en Luxemburgo. No obstante, las represalias arancelarias no son la única opción disponible para el bloque comunitario. La presidenta de la Comisión Europea ha evitado dar detalles sobre las posibles acciones para responder a Trump. Entre las herramientas que la UE contempla se encuentra el mecanismo anti-coerción, diseñado precisamente en respuesta a las tácticas comerciales del primer mandato del republicano. Aunque nunca se ha utilizado, este instrumento, apodado la «bazuca» por su potencial impacto, requiere la aprobación del Consejo y el Parlamento antes de su activación Su objetivo es sancionar a aquellas potencias que empleen la presión comercial para influir en la política comunitaria. Sus defensores consideran que debería activarse si los nuevos aranceles de Trump se justifican en medidas como el IVA o si buscan contrarrestar la legislación digital europea, que impone restricciones a grandes plataformas como X o Meta.