En efecto, la convocatoria de elecciones en Andalucía ha activado otra cuenta atrás, y que esta vez afecta al Gobierno. La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, Montero, dejará su puesto en el Ejecutivo para centrarse en la campaña como candidata del PSOE, una decisión que obliga a Pedro Sánchez a afrontar una remodelación, al menos parcial, de su gabinete. Pero vayamos con cuidado, la candidatura de Montero no solo pone a prueba a la propia vicepresidenta, sino también al presidente del Gobierno. Fue Sánchez quien decidió situarla al frente del cartel socialista en Andalucía, donde se medirá a un PP que aspira a revalidar la mayoría absoluta lograda en 2022.
Es decir, la marcha de Montero obliga a Sánchez a mover ficha. No se trata solo de cubrir una vacante relevante, sino de reequilibrar el núcleo duro del Ejecutivo, ya que la vicepresidenta es, tras el propio presidente, una de las principales figuras del llamado sanchismo. Casi se podría decir que la primera ya que ocupa la vicepresidencia primera del Gobierno y es la numero dos del partido, lo que en lenguaje vulgar se denominaría, alter ego. El problema ahora, curiosamente, se concentra no en su preparación o valía, sino en el genero ya que hasta ahora las vices han sido todas mujeres: Calvo, Calviño y Montero. Así que la primera opción podría ser una de las actuales ministras, porque de lo que si hay certeza es que la actual vice segunda debe ser taponada y evitar cualquier riesgo, por pequeño que sea de que la comunista gallega pueda sustituir en algún momento al propio Sánchez.
Otra opción, es situara al super ministro Bolaños como vicepresidente primero manteniendo sus actuales responsabilidades
Y traspasar a Economía, lo que hasta ahora era responsabilidad de Montero, es decir volver al ministerio de Economía y Hacienda de épocas pretéritas.
Todo depende del estado de animo del okupante de La Moncloa.
Cosa distinta es cual puede ser el futuro de la hoy todopoderosa doctora. La experiencia de su predecesora como candidata autonómica, la ex ministra Alegría no es especialmente brillante
Aun así, en el entorno de Sánchez defienden la estrategia y confían en que la vicepresidenta pueda mejorar las expectativas del partido en Andalucía, cosa que las encuestas en poder de unos y otros no parecen apuntar a esa teórica euforia socialista que se ha visto en la rueda de prensa de su último consejo de ministros.
En el otro lado de la barrera, Moreno, el presidente saliente, encara la campaña desde una posición sólida, con la intención de convertir las elecciones en un plebiscito sobre su gestión al frente de la Junta aprovechando el envite para poner nuevamente en cuestión el futuro de Sanchez,
