La decisión se produce en un contexto de clara moderación de las presiones inflacionistas: la inflación de la zona euro se sitúa en el 1,7 %, por debajo del objetivo del 2 %, mientras que el crecimiento económico permanece cercano a su potencial, reduciendo la urgencia de nuevas actuaciones de política monetaria.
Los inversores anticipaban una pausa acompañada de un mensaje prudente, y la reacción de los mercados fue contenida, con movimientos moderados tanto en la renta variable como en los rendimientos de la deuda europea. El BCE se muestra cómodo con la orientación monetaria actual, aunque reitera su compromiso de vigilar estrechamente la evolución de la inflación y del tipo de cambio.
De cara a los próximos meses, esperamos que los tipos permanezcan estables en el corto plazo. No obstante, consideramos que no es desdeñable la probabilidad de un giro gradual hacia una orientación más restrictiva en la segunda mitad del año, en caso de que reaparezcan presiones inflacionistas superiores a las actualmente incorporadas en las expectativas del mercado.

