Más allá del efecto directo sobre los inquilinos cuyos contratos vencen antes de diciembre del próximo año, expertos del sector vivienda advierten de que este giro introduce un nuevo episodio de inestabilidad regulatoria en el mercado, con posibles consecuencias tanto en el alquiler como en las decisiones de compra y el acceso a la financiación hipotecaria.
Esta inseguridad regulatoria va a provocar dos reacciones claras en el mercado, según Thadhani, Country Manager de Finteca en España. Por un lado, habrá compradores que se lo piensen dos veces en función de la estrategia que tengan prevista”, explica. Sin embargo, señala que, al mismo tiempo, “también puede representar el empujón definitivo para muchos, ante la percepción de que el alquiler puede encarecerse y volverse aún más impredecible, haciendo de la hipoteca una opción más estable.
De esta manera uno de los efectos más inmediatos podría trasladarse a la capacidad de ahorro de los hogares. La posible subida de los precios del alquiler, en ausencia de medidas de contención, reduciría el margen disponible para reunir el capital necesario para la entrada de una vivienda. Si las familias destinan una mayor parte de sus ingresos al alquiler, les resulta más difícil ahorrar, lo que retrasa o incluso impide el acceso a la propiedad..
Además, la incertidumbre también impacta en el comportamiento de las entidades financieras. Este contexto afecta a los bancos a la hora de evaluar el riesgo, lo que puede traducirse en criterios más exigentes o en una mayor prudencia en la concesión de hipotecas”, añade.
A largo plazo, la vivienda en propiedad sigue siendo percibida como una opción más segura frente a un mercado del alquiler marcado por la volatilidad. Ser propietario aporta estabilidad en un entorno cambiante. Precisamente por eso, en momentos de incertidumbre como el actual, es clave contar con herramientas y asesoramiento que permitan tomar decisiones informadas.
