Según el organismo, se trata del mayor choque de oferta en más de 50 años, con fuertes subidas en petróleo, gas y fertilizantes, lo que ha llevado a revisar al alza el precio de las materias primas y a prever un barril de Brent cerca de los 94 dólares en 2026.
Las economías emergentes y en desarrollo serán las más afectadas, aunque crecerán un 3,6%, frente al 1,5% de las economías avanzadas. La región de Oriente Medio y áreas cercanas concentra el mayor deterioro. Además, el Banco Mundial advierte de que una parte significativa de los países en desarrollo será más pobre en 2026 que antes de la pandemia. No obstante, prevé una recuperación gradual entre 2027 y 2028 si se estabilizan los mercados energéticos y comerciales.
En las economías avanzadas, la eurozona destaca por su vulnerabilidad al encarecimiento energético, lo que reducirá su crecimiento al 0,8% en 2026. La dependencia de las importaciones de energía limitará el consumo y la inversión en un entorno de inflación elevada y política monetaria restrictiva. Pese a que 2025 terminó con cierto dinamismo, el inicio del conflicto en 2026 ha deteriorado las perspectivas. Aun así, se espera una recuperación moderada a partir de 2027, apoyada en menores precios energéticos, mayor inversión pública y condiciones financieras más flexibles.
En contraste, Estados Unidos muestra mayor resiliencia, con un crecimiento previsto del 2,2% en 2026 gracias a su capacidad energética y al impulso de la inversión en inteligencia artificial y políticas fiscales. Sin embargo, persisten riesgos ligados a la inflación y a unas condiciones financieras más estrictas, con una moderación gradual del crecimiento en los años siguientes.
Más allá del crecimiento, el Banco Mundial alerta del aumento de la fragilidad financiera global. El incremento de la deuda pública y los tipos de interés elevados está reduciendo el margen de actuación de muchos países, especialmente en economías emergentes y de bajos ingresos. En estos países, la deuda ha alcanzado niveles históricos, superando el 70% del PIB, lo que limita su capacidad para afrontar nuevos shocks en un entorno de menor inversión y crecimiento más débil.
