Un estudio de CaixaBank Research, basado en millones de pagos realizados con tarjetas extranjeras, concluye que las temperaturas excepcionalmente altas durante las vacaciones disminuyen la intención de volver a España. Cuando el calor supera en más de cuatro grados lo habitual, la probabilidad de regresar empieza a caer. En los episodios más extremos, los turistas muestran una disposición a volver hasta un 15% inferior, lo que equivale a perder uno de cada seis visitantes potencialmente fieles.
La investigación aporta una nueva perspectiva sobre el impacto del cambio climático en el turismo. Más allá de afectar al gasto o desviar viajeros hacia destinos más frescos, el calor extremo erosiona la fidelidad de los turistas, un factor especialmente relevante en un sector que representa cerca del 13% del PIB y el empleo en España.
El estudio también observa cambios en los hábitos de viaje. Quienes experimentan temperaturas superiores a los 32 grados tienden a buscar al año siguiente destinos o fechas con climas más suaves. Esta adaptación puede producirse cambiando de ubicación o modificando el periodo vacacional para evitar los momentos de mayor calor.
Pese a ello, la fidelidad a determinadas zonas sigue siendo alta. En el Mediterráneo, donde se concentra la mayor parte del turismo internacional, más del 85% de los visitantes que repiten eligen nuevamente destinos mediterráneos. En lugar de cambiar radicalmente de tipo de vacaciones, suelen optar por localidades algo más frescas, de mayor altitud o con condiciones climáticas más moderadas.
La principal conclusión es doble: el calor extremo reduce la probabilidad de que los turistas regresen a España y, entre quienes sí vuelven, impulsa la búsqueda de destinos más frescos sin alterar sustancialmente sus preferencias vacacionales.
