La fecha marca el llamado Día de la Liberación Fiscal, momento a partir del cual los ciudadanos comienzan a generar ingresos destinados íntegramente a su propio consumo y ahorro.
El estudio atribuye este aumento de la presión fiscal al crecimiento de las bases imponibles, la falta de actualización del IRPF frente a la inflación, el incremento de las cotizaciones sociales, la recuperación de tipos de IVA y la aparición de nuevas cargas locales. Según la Fundación, el Estado sigue elevando su recaudación sin necesidad de aprobar grandes subidas tributarias.
Para medir esta carga, el informe compara el total de impuestos y cotizaciones soportados por los hogares con la renta generada. En el caso de un trabajador asalariado medio, con un salario bruto anual de 32.446 euros, la carga fiscal asciende a 17.665 euros al año, mientras que el salario neto resultante es de 24.725 euros.
La Fundación destaca además el efecto de la denominada «progresividad en frío» del IRPF: los salarios aumentan en términos nominales, pero los tramos del impuesto no se actualizan al mismo ritmo, elevando la tributación efectiva sin mejorar el poder adquisitivo real. Como ejemplo, señala que la recaudación por IRPF creció más que las rentas de los hogares.
El informe también subraya el impacto del IVA, al considerar que reduce de forma constante la renta disponible y afecta proporcionalmente más a los hogares con menores ingresos. A ello se suman impuestos autonómicos, tasas municipales, tributos especiales y gravámenes sobre la propiedad o la movilidad, cuyo efecto acumulado incrementa la carga fiscal total soportada por los ciudadanos.
