Según el Estudio sobre Bienestar y Salud Laboral 2026 de Edenred, el 47,6% de los profesionales dispone de una flexibilidad baja o inexistente: un 24,9% cuenta con opciones limitadas y un 22,7% no tiene ninguna medida de adaptación.
La situación contrasta con las preferencias de los trabajadores. Más de ocho de cada diez consideran que la flexibilidad mejora su bienestar y productividad. De hecho, el 51,4% afirma que incrementa directamente su motivación y rendimiento.
Las diferencias son especialmente visibles entre generaciones y género. Los Baby Boomers son el grupo con menos acceso a fórmulas flexibles, ya que el 37,1% carece de ellas. Entre las mujeres, el porcentaje sin ninguna medida alcanza el 26,3%, frente al 19,5% de los hombres. Por el contrario, Millennials y Generación Z disfrutan de mayores niveles de flexibilidad y son quienes más valoran sus beneficios.
También existen importantes diferencias territoriales. Madrid lidera el acceso a modelos flexibles, con un 64,7% de profesionales que disfrutan de flexibilidad alta o moderada. En el extremo opuesto se sitúa Galicia, donde el 34,5% trabaja sin ninguna opción de adaptación.
El tamaño de la empresa influye igualmente. Las pymes presentan el escenario más desfavorable: más de la mitad de sus empleados cuenta con poca o ninguna flexibilidad. Por sectores, Información y Comunicaciones encabeza la clasificación, mientras que Hostelería y Turismo registra las mayores limitaciones, con un 32% de trabajadores sin medidas flexibles.
Aunque no todas las actividades permiten el teletrabajo, el estudio recuerda que existen alternativas como la adaptación horaria, los turnos flexibles, las jornadas intensivas o una mayor autonomía en la organización del tiempo.
