El estudio destaca que los fondos activistas mantienen su influencia sobre las empresas cotizadas, aunque cada vez recurren más al diálogo privado con los consejos de administración en lugar de la confrontación pública.
El activismo accionarial consiste en la toma de participaciones con el objetivo de influir en la estrategia empresarial y aumentar el valor para los accionistas. La tendencia actual apunta hacia negociaciones más discretas y colaborativas antes de lanzar campañas públicas.
Según el informe, las compañías donde los activistas optan por una estrategia privada logran una rentabilidad para el accionista un 7,3% superior tras dos años. Además, muestran una mayor disciplina en la asignación de capital, con más desinversiones y menos adquisiciones.
Por sectores, el consumo sigue siendo el principal objetivo del activismo en Europa, concentrando el 24% de las campañas. También crece el interés por las empresas industriales y por las operaciones relacionadas con la gestión del capital.
Reino Unido lidera la actividad activista con cerca del 45% de las campañas europeas, seguido de Alemania. Suiza y los países escandinavos también mantienen una presencia relevante. España continúa teniendo un peso reducido, entre el 2% y el 4%, aunque sigue siendo un mercado observado por los inversores.
Para Alvarez & Marsal, este aumento del activismo refuerza la necesidad de que las empresas cuenten con estrategias claras, una comunicación eficaz con el mercado y una propuesta de valor sólida para responder a las exigencias de los accionistas.
