«El Comité Ejecutivo considera que mantener el tipo de interés oficial sin cambios es una política equilibrada», sin embargo, «tanto el crecimiento como la inflación han superado las previsiones de junio y aún existe el riesgo de que la inflación subyacente se dispare a raíz de las perturbaciones en la oferta». Por ello, «si la inflación inesperadamente alta registrada durante el verano supusiera el inicio de un repunte inflacionario mayor y más prolongado, el Riksbank ajustaría su política monetaria a un nivel más restrictivo». Así lo señala el organismo en la comunicación posterior al encuentro, en el que añade que existe una «considerable incertidumbre y la situación exige vigilancia» y cree que, además de la guerra en Oriente Medio, hay otros riesgos que podrían afectar las perspectivas de inflación y actividad económica.
Como explica, «la guerra continúa afectando a la economía mundial, pero hasta el momento sus repercusiones económicas han sido menores de lo que se temía inicialmente. Sin embargo, dado que la guerra aún continúa, la causa subyacente de las interrupciones en el suministro persiste y sigue existiendo el riesgo de una inflación excesiva».
«Durante el verano, la inflación fue superior a la previsión del Riksbank de junio. La inflación subyacente, que excluye tanto los precios de la energía como los efectos directos de las medidas fiscales temporales, se sitúa en torno al 2%. Sin embargo, la tasa de inflación medida es baja, debido en gran medida a dichas medidas. Al mismo tiempo, existen indicios de que el crecimiento del PIB ha sido mayor de lo previsto y la confianza en la economía ha mejorado notablemente. No obstante, la evolución del mercado laboral ha sido algo más débil de lo esperado», indican desde el banco central sueco.
