La bajada de los tipos de interés ha favorecido esta tendencia, que continúa durante 2025. Este cambio refleja una evolución en los hábitos de financiación. Mientras las hipotecas han perdido peso por las mayores exigencias de acceso y la desaparición de los préstamos que cubrían el 100% del valor de la vivienda, los créditos al consumo mantienen un fuerte crecimiento. También sigue elevado el uso de las tarjetas revolving, que permiten aplazar pagos pero pueden generar un endeudamiento creciente si no se utilizan con cautela.
La diferencia principal está en el coste. El interés medio de las hipotecas se sitúa en torno al 2,85%, mientras que los créditos al consumo alcanzan el 6,8%. En el caso de las tarjetas de crédito y, especialmente, las revolving, los intereses superan el 18%, encareciendo notablemente las compras financiadas.
Durante el primer semestre del año, los préstamos al consumo alcanzaron 24.500 millones de euros, un 12% más que un año antes, frente al crecimiento del 3,3% registrado por la financiación hipotecaria. Se trata de uno de los mayores volúmenes desde 2007 y confirma una tendencia al alza acelerada tras la pandemia.
Las vacaciones, la compra de vehículos y electrodomésticos siguen siendo los principales destinos de estos préstamos. Sin embargo, las necesidades de liquidez inmediata y la refinanciación de deudas encabezan las motivaciones de los consumidores, reflejando el impacto de la inflación sobre la economía familiar.
A pesar del aumento de los costes financieros, la disposición a endeudarse sigue creciendo. Casi un 36% de los consumidores prevé solicitar algún crédito durante el segundo semestre, según Asufin. No obstante, la morosidad en el crédito al consumo alcanza el 5,28%, casi el doble de la tasa general del sistema financiero.
Mientras tanto, las hipotecas avanzan con más moderación debido al encarecimiento de la vivienda y a unos tipos de interés todavía elevados. Aunque el volumen concedido sigue en niveles altos, el protagonismo pasa cada vez más a los préstamos destinados al consumo, impulsados por la fortaleza del gasto de los hogares y su contribución al crecimiento económico.
