Aunque Red Eléctrica insiste en que el sistema no ha estado en riesgo y que estas actuaciones forman parte de los procedimientos previstos, la repetición de episodios similares plantea una pregunta incómoda: ¿estamos ante incidencias puntuales o ante un problema estructural del modelo energético español?
España ha realizado una apuesta decidida por las energías renovables y, especialmente, por la energía solar. El éxito de esa estrategia es indudable desde el punto de vista medioambiental y de reducción de costes de generación. Sin embargo, los últimos episodios han puesto de manifiesto una realidad conocida por el sector: la generación renovable necesita respaldo suficiente para responder cuando desaparece de forma repentina por causas meteorológicas o por cambios bruscos en la demanda.
Lo llamativo de este último incidente es que se produjo en plena tarde, cuando la producción fotovoltaica debería aportar una parte relevante de la electricidad consumida. La caída inesperada de generación por las tormentas obligó a recurrir a la industria para equilibrar el sistema. Es decir, fueron las fábricas las que tuvieron que actuar como colchón de seguridad.
La cuestión de fondo es si el sistema dispone de suficiente capacidad de respaldo, almacenamiento e infraestructuras de red para acompañar la rápida expansión renovable. Cada vez que una gran industria recibe una compensación para reducir su consumo se evita un problema mayor, pero también se traslada parte del coste de la estabilidad eléctrica al tejido productivo.
España cuenta con una de las mayores capacidades renovables de Europa, pero la transición energética no puede medirse únicamente por los megavatios instalados. También debe evaluarse por la capacidad del sistema para garantizar suministro estable en cualquier circunstancia. Y es ahí donde los últimos episodios están alimentando dudas.
La energía del futuro debe ser limpia, pero también predecible y segura. Si los mecanismos de emergencia empiezan a utilizarse con demasiada frecuencia, dejan de ser una excepción para convertirse en un síntoma. Y los síntomas, cuando se repiten cinco veces en tan poco tiempo, merecen algo más que una explicación técnica. Merecen una reflexión estratégica sobre el rumbo del sistema energético español.
