En este contexto, España conserva su calificación de riesgo país en A2 (riesgo bajo), situándose entre las economías desarrolladas con mejor perfil de riesgo.
Coface evalúa cada cuatro meses el riesgo de impago empresarial en 160 países a partir de indicadores macroeconómicos, financieros, políticos y de insolvencia. Aunque el crecimiento español se moderará en 2026, la economía seguirá mostrando solidez gracias al consumo privado y la inversión, manteniéndose entre las más dinámicas de la eurozona.
En Europa, España comparte la calificación A2 con Portugal, Países Bajos, Bélgica y Suecia, mientras que Alemania, Francia y Reino Unido permanecen en A3. Fuera del continente, también figuran en A2 economías como Estados Unidos, Japón y Australia.
El informe rebaja la valoración de ocho países, entre ellos Indonesia, Malasia, Filipinas, Vietnam y Kuwait, que pasan de A4 a B. También empeoran Tanzania (de B a C) y Camboya y Madagascar (de C a D), afectados por las tensiones energéticas y geopolíticas.
A nivel sectorial, la mayoría de las actividades españolas mantienen una evolución estable. La principal excepción es la industria papelera, que pasa de riesgo “alto” a “muy alto”, convirtiéndose junto con la automoción en los únicos sectores ubicados en la categoría de mayor riesgo.
Por el contrario, el sector farmacéutico sigue siendo el único con riesgo “bajo”. Construcción, energía, tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), comercio minorista y transporte permanecen en riesgo “medio”.
Los sectores agroalimentario, químico, metalúrgico, textil y de la madera continúan en riesgo “alto”, reflejando un entorno todavía exigente para parte del tejido productivo español.
