Las recompras de bonos del Tesoro podrían tener un impacto positivo en la liquidez del mercado y contribuir a reducir algunas distorsiones entre los títulos. En concreto, el efecto podría ser más pronunciado en el tramo medio y largo de la curva, donde las compras del Tesoro representarían una fuente adicional de demanda y podrían ejercer una moderada presión a la baja sobre los rendimientos. A medio plazo, sin embargo, creemos que la evolución de los rendimientos seguirá estando determinada principalmente por la dinámica de la inflación y el crecimiento, las decisiones de política monetaria y las perspectivas de las finanzas públicas. Dado que los mercados de renta fija siguen estando fuertemente interconectados, una posible caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU., especialmente en el tramo largo de la curva, podría proporcionar cierto apoyo también a los títulos de deuda pública europeos.
Oro y estrategias de inversión
Tras la fuerte apreciación de los últimos años, resulta difícil fijar un objetivo de precio fiable para el oro. El contexto estructural sigue siendo favorable, respaldado por las compras de los bancos centrales y la fuerte demanda de los inversores con fines de diversificación. Al mismo tiempo, tras un repunte de tal magnitud, es razonable esperar fases de volatilidad y correcciones temporales. Por lo tanto, en lugar de centrarse en un nivel de precio específico, es importante seguir la evolución de los tipos reales, del dólar estadounidense y del sentimiento global respecto al riesgo, que probablemente seguirán siendo los principales factores que determinen el precio del oro. No creemos que estos acontecimientos, considerados de forma aislada, justifiquen cambios decisivos en las carteras de renta fija. Tras el repunte de los rendimientos de los últimos años, la renta fija vuelve a ofrecer niveles de rentabilidad interesantes y, en nuestra opinión, un perfil de riesgo-rentabilidad más atractivo. En general, consideramos conveniente mantener un enfoque equilibrado respecto a la duración, evitando posiciones extremas y dando prioridad a la diversificación entre vencimientos y emisores. En lugar de intentar anticipar los movimientos a corto plazo de los mercados, las carteras deberían construirse en función del horizonte temporal del inversor, sus necesidades de renta y su perfil de riesgo.
