Los rendimientos del bono a 30 años subieron más de 10 puntos básicos tras conocerse la noticia. Sin embargo, creemos que el impacto podría ser efímero. En primer lugar, dado que los rendimientos a largo plazo se sitúan muy por encima del tipo de los fondos federales, tiene sentido que el Tesoro se financie a un coste menor mediante la emisión de más letras. En segundo lugar, no se trata de un programa de estímulo como la flexibilización cuantitativa (QE), que exigía a la Reserva Federal crear nuevas reservas para comprar activos de mayor vencimiento. El Tesoro seguirá teniendo que emitir el mismo volumen de deuda en dólares para financiar el endeudamiento federal, solo que con vencimientos distintos. Y en tercer lugar, se dirá que el Tesoro está retirando duración del mercado, igual que la QE. Pero, una vez ajustados por duración, los programas de QE de la Reserva Federal fueron de una magnitud muy superior. ¿Y el impacto en los rendimientos? La inflación, el crecimiento y la magnitud del déficit influirán más en los tipos a largo plazo que los pequeños cambios en el perfil de vencimientos de la deuda del Tesoro. Por último, para mantener a raya los tipos, las autoridades deben frenar la inflación, recortar el gasto público, aumentar los ingresos o… las tres cosas. Hasta que eso ocurra, el Tesoro seguirá teniendo que financiar un déficit presupuestario equivalente al 6 % del PIB… a rendimientos elevados.
El alto rendimiento, la rentabilidad y la selección siguen siendo las claves para capear la volatilidad
A pesar de un contexto de mercado caracterizado por unos diferenciales reducidos y una atención persistente a la evolución macroeconómica, el segmento de la deuda de alto rendimiento sigue ofreciendo oportunidades interesantes para los inversores con un horizonte a largo plazo. A esta perspectiva contribuyen unos fundamentos empresariales en general sólidos, unos niveles de endeudamiento considerados manejables y unos rendimientos que, en torno al 7 %, siguen siendo interesantes en términos absolutos. Aunque los datos económicos recientes han mostrado una buena resiliencia, los emisores de alto rendimiento disponen en muchos casos de márgenes de seguridad adecuados gracias a unos niveles de cobertura de intereses que podrían contribuir a absorber posibles fases de desaceleración de la economía. En este escenario, más que en la evolución de los sectores concretos, la atención debería centrarse en la calidad de cada emisor y en la capacidad de distinguir las empresas mejor posicionadas para afrontar un contexto aún incierto.
De hecho, las oportunidades más interesantes parecen estar cada vez más vinculadas a las historias empresariales específicas que a las tendencias sectoriales generalizadas. Algunos sectores tradicionales, como el energético, podrían seguir estando sujetos a una elevada volatilidad, mientras que áreas en fuerte crecimiento, como la de los centros de datos, requieren valoraciones especialmente cuidadosas a la luz de su creciente peso dentro del universo de alto rendimiento. La perspectiva a largo plazo sigue siendo, por tanto, positiva. Se prevé que las tasas de insolvencia se mantengan en niveles inferiores a los observados en otros segmentos del crédito, como los préstamos apalancados o el crédito privado. A corto y medio plazo, sin embargo, el mercado podría seguir reaccionando de forma sensible a las variaciones de los tipos de interés y a las noticias macroeconómicas, lo que alimentaría episodios de volatilidad. Para los inversores, el mensaje es claro: prepararse para posibles fluctuaciones del mercado sin perder de vista el potencial de rentabilidad que ofrece esta clase de activos. En un contexto en el que la selección crediticia vuelve a marcar la diferencia, el alto rendimiento sigue representando un componente interesante para quienes buscan rentabilidad y cuentan con la paciencia necesaria para mirar más allá de las turbulencias a corto plazo

