Desde Payden & Rygel advierten de que “conviene evitar conclusiones excesivamente pesimistas sobre el crecimiento o la inflación”, al recordar que la economía, especialmente la estadounidense, es hoy menos dependiente del crudo y cuenta con mayores amortiguadores.
Más allá del impacto macro inmediato, algunas casas empiezan a identificar implicaciones más profundas en los flujos de inversión. Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, considera que la distorsión generada por el conflicto en Oriente Medio puede convertirse en “una oportunidad para la reasignación de capital”, alejando el capital del dólar y de la renta variable estadounidense hacia mercados no estadounidenses, con preferencia por emergentes y Japón. Esta visión se apoya en la expectativa de que el impacto económico del conflicto sea relativamente efímero, así como en los escenarios planteados por Lazard Geopolitical Advisory, que van desde una desescalada con normalización progresiva del suministro energético hasta escenarios más adversos de escalada o disrupción prolongada, con impacto significativo en precios y crecimiento global.
En este contexto de mayor complejidad macro, las gestoras están ajustando carteras con un enfoque más táctico. Desde Acacia Inversión, Mikel Ochagavia, director de inversiones, explica que mantienen una visión constructiva en energía, activos reales y mercados emergentes, pero reconoce que el fuerte comportamiento de algunos segmentos les ha llevado a actuar: “hemos tomado beneficios y rebalanceado posiciones”. En renta variable, han reducido exposición a Japón, emergentes, pequeñas compañías estadounidenses y banca europea, mientras refuerzan infraestructuras, REITs y energía europea. En renta fija, el movimiento refleja una mayor cautela: “hemos reducido duración ante un entorno de inflación más volátil y presión en los tramos largos”, apostando por el corto plazo y la flexibilidad. El objetivo es claro: “mantener convicciones, pero con disciplina en valoración y control del riesgo en un año marcado por mayor dispersión”.
En paralelo, el foco del mercado empieza a ampliarse más allá del petróleo. El analista de mercados Franco Macchiavelli apunta que “parte del riesgo energético ya está en precio”, pero advierte de que “lo que el mercado todavía no ha descontado son los efectos de segunda ronda”, especialmente en fertilizantes, agricultura y alimentación. En este contexto, defiende mantener exposición a materias primas, especialmente metales preciosos como oro y plata, como cobertura frente a inflación y riesgos geopolíticos. “La tesis de oro y plata sigue vigente”, sostiene.
Desde una perspectiva patrimonial, José Manuel Marín Cebrián, economista y fundador de Fortuna SFP, subraya que las materias primas “vuelven a desempeñar una función histórica dentro de las carteras bien construidas, actuando como contrapeso cuando el sistema financiero entra en tensión”. Más que una apuesta direccional, insiste, se trata de un “seguro macroeconómico” en un entorno marcado por inflación estructural, tensiones geopolíticas y reindustrialización. “El oro continúa siendo el activo monetario global por excelencia y uno de los principales refugios en periodos de incertidumbre”, señala, mientras que la plata añade un componente industrial que la hace especialmente sensible al ciclo. El platino y el paladio, por su parte, están más vinculados a la actividad industrial y a la transición energética. Junto a los metales preciosos, destaca incluso activos alternativos como los diamantes de inversión como reserva de valor complementaria.
La clave, en cualquier caso, sigue siendo la disciplina. César Sala, CEO de Tesys AF SGIIC, recuerda que “la duda no es una anomalía en los mercados, sino una constante”, y que los episodios de tensión suelen venir acompañados de caídas y deterioro del sentimiento. Sin embargo, advierte de que estos momentos también tienden a coincidir con mejores puntos de entrada para el inversor de largo plazo. “La clave es distinguir entre cambios estructurales en el valor de los negocios y movimientos emocionales en sus cotizaciones”, señala. En este sentido, defiende evitar decisiones impulsivas: “en entornos de incertidumbre, con frecuencia la decisión más racional es no hacer cambios drásticos si las compañías siguen ejecutando bien sus planes”. Desde esta óptica, añade, las correcciones no deben interpretarse necesariamente como un deterioro fundamental. “En muchas ocasiones reflejan simplemente un ajuste emocional del mercado”, apunta, lo que puede abrir oportunidades para reforzar posiciones en activos de calidad a valoraciones más atractivas. “Convertir la incertidumbre en oportunidad exige método, no impulsividad”, concluye.
Una visión que comparten desde Cobas Asset Management. Carlos González destaca que, pese al repunte del petróleo, “la reacción de los mercados ha sido relativamente moderada en comparación con otros episodios recientes”. En su opinión, este tipo de entornos suele generar rotaciones sectoriales claras, con energía o defensa mostrando un mejor comportamiento relativo. Con todo, insiste en el mensaje de fondo para el inversor: mantener el foco en el largo plazo. “Los mercados han sabido adaptarse históricamente a este tipo de eventos, y la clave sigue siendo invertir en buenas compañías con convicción y paciencia”, subraya.
El mensaje que emerge es claro: el petróleo vuelve a tensionar el mercado, pero el verdadero cambio está en cómo este shock reconfigura la asignación global, devuelve protagonismo a los activos reales y pone a prueba la disciplina del inversor en un entorno de mayor dispersión y complejidad.
