La vicepresidenta segunda ha anunciado que no será candidata en las próximas elecciones generales. Lo llamativo no es solo la decisión, sino el momento: todavía queda más de un año de legislatura. Eso si mantiene su cargo en el Ejecutivo, pero su salida anticipada del liderazgo electoral abre un proceso de reorganización en el espacio a la izquierda del PSOE. La pregunta que es por qué anunciarlo ahora si las elecciones siguen, en teoría, lejos.
Pero hete aquí que dentro de pocas semanas es mas que posible que tras no poder presentar unos Presupuestos que superen la `prueba del algodón del Congreso de los Diputados, la actual vicepresidenta primera y ministra de Hacienda tendrá que abandonar el Gobierno en cuanto las precesiones sevillanas se recojan, puesto que la convocatoria de elecciones en su región es mas que inminente y si a los malos datos que en estos momentos recogen las encuestas para ella y su partido la cita electoral le coge con el paso cambiado, apaga y vámonos: descalabro total.
Es decir, en estos momentos el Gobierno está capitidisminuido con dos vicepresidentas de salida y lo que es peor sin Presupuestos Generales del Estado al no tener garantizados los apoyos parlamentarios. La ley más importante de un Gobierno está fuera de juego, derrotada. Eso nos lleva a la misma situación de 2019.
La diferencia entre hoy y esa fecha es que hoy la derecha está dividida, lo que favorece las opciones de una izquierda también dividida, pero capaz de reagruparse y volver a formar ese gobierno Frankenstein que le ha permitido a Sánchez reinar en la Moncloa, que no gobernar todos estos años. Y como se dice vulgarmente la opción la pintan calva.
A pesar de todo eso, el presidente del Gobierno insiste en su voluntad de agotar la legislatura. Pero la política española ha demostrado en los últimos años que los escenarios pueden cambiar con rapidez.

