En una carta remitida a las 27 capitales, el comisario de Energía, Dan Jørgensen, subraya la necesidad de prestar “especial atención al sector del transporte” y propone un decálogo de actuaciones, entre ellas “trabajar desde casa cuando sea posible”, al considerar que esta medida “reduce el uso de petróleo asociado a los desplazamientos diarios, especialmente en empleos compatibles con el teletrabajo”. El Ejecutivo comunitario plantea además que estas iniciativas ayuden a contener el consumo de queroseno y diésel en un escenario de tensión prolongada.
En paralelo, la Comisión Europea ha señalado que las refinerías deben mantenerse a pleno rendimiento y ha pedido a los países de la Unión Europea que preparen de forma coordinada medidas para garantizar el suministro de petróleo y productos refinados. Así lo trasladó Jørgensen este lunes en su comunicación previa a la videoconferencia de ministros de Energía de los Veintisiete. “La seguridad del suministro de la Unión Europea sigue estando garantizada. Pero debemos estar preparados para una perturbación potencialmente prolongada del comercio internacional de la energía. Por eso tenemos que actuar ya”, afirmó el comisario en un comunicado difundido por Bruselas. Según el Ejecutivo comunitario, la volatilidad del mercado provocada por el conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz obliga a anticipar respuestas y reforzar la coordinación entre los Estados miembros.
En la carta remitida a los Veintisiete —a la que ha tenido acceso 20minutos— recuerda el documento de diez puntos que la AIE publicó el pasado 20 de marzo, que propone «trabajar desde casa siempre que sea posible», «reducir en al menos 10 km/h los límites de velocidad en autopistas» y «fomentar el uso del transporte público». El plan incluye además alternar el acceso de vehículos a las ciudades mediante sistemas de rotación por matrícula, aumentar el uso compartido del coche, promover la conducción eficiente, evitar los viajes en avión cuando existan alternativas y aprovechar la flexibilidad en materias primas petroquímicas.
La urgencia de estas propuestas responde a una vulnerabilidad crítica: la Unión Europea importa del Golfo Pérsico más del 40% de su diésel y queroseno. Ante la advertencia de empresas como Shell sobre una escasez inminente a partir de abril, el comisario ha sido tajante al pedir a los ciudadanos que «levanten el pie», instando a una reducción voluntaria de la demanda bajo la premisa de «conducir menos y volar menos». En el frente industrial, la hoja de ruta de Bruselas exige a las refinerías europeas un esfuerzo logístico sin precedentes: posponer cualquier mantenimiento no urgente para mantener la producción al máximo nivel posible. Paralelamente, se urge a los Estados miembros a acelerar la adopción de biocarburantes para sustituir, en la medida de lo posible, a los productos fósiles que han dejado de fluir con normalidad.
El comisario también ha definido con claridad lo que los gobiernos deben evitar para no agravar la situación y ha instado a los Estados miembros a no incentivar el consumo de carburante ni imponer restricciones unilaterales a la libre circulación de productos petrolíferos, advirtiendo que las «soluciones nacionales improvisadas» solo servirán para fragmentar el mercado interior europeo. La consigna central de Jørgensen para los países del bloque comunitario es el fin del «cada uno por su cuenta». Ante la tentación de algunos Estados de aplicar medidas sin concertación, el comisario exige una solidaridad real y el uso pleno de los grupos de coordinación de seguridad energética, subrayando que la Unión debe actuar como un bloque ante una disrupción que se prevé prolongada.
Este plan de choque es la respuesta necesaria al terremoto provocado por el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transitaba el 20% del petróleo mundial. La parálisis de esta vía tras los ataques en Irán ha catapultado el barril de Brent hasta los 115 dólares y ha disparado el precio del gas europeo en un 70%, sumiendo a la economía en una incertidumbre geopolítica total.
