El gravamen de la banca le pasó una factura de 611 millones de euros, la mayor soportada por una entidad financiera porque el nuevo diseño establece tipos crecientes en función de los ingresos y se trata además de una cuantía alejada del resto de entidades -Banco Santander encajó unos 350 millones, siendo el segundo mayor impacto, y en BBVA rondaría los 295 millones-. Pero CaixaBank, pudo descontar en el impuesto de sociedades hasta 420 millones por «activación de bases imposibles negativas y deducciones», conforme relata en su informe financiero.
La normativa fiscal nacional permite que las entidades registren contablemente activos fiscales diferidos (DTAs, acrónimo de deferred tax assets) por resultados negativos que pueden ser compensados con beneficios futuros o a través de pagos adelantados de impuestos recuperables en el futuro.
En la práctica, son derechos de cobro frente a la Hacienda Pública, que los bancos van deduciéndose en ejercicios siguientes. En su mayoría, los DTAs se originaron por las voluminosas provisiones y saneamientos que soportó el sector por varios reales decretos publicados por el Gobierno tras estallar la crisis financiera y por el coste de las prejubilaciones que se derivaron del proceso de reestructuración. En el caso de CaixaBank, el cheque de 420 millones resulta, en cierta manera, «nuevo» y no reconocido previamente en balance, como ocurre con el grueso de los DTAs. «En 2025, tras considerarse previsible su recuperabilidad, se ha procedido a la activación de bases imponibles negativas y deducciones previamente no registradas en balance», explica en su informe financiero.
El banco dedujo el importe de los 420 millones a razón de 67 millones en el primer trimestre, 84 millones en el segundo, 98 millones en el tercero y 171 millones en el último.
El impuesto sobre beneficios alcanzó los 2.775 millones, con un aumento del 9,9% interanual, pese a que el cargo por el impuestazo se incrementó casi un 24% frente a los 493 millones devengados en 2024, antes de que se reformulase con recargos crecientes en función del volumen de ingresos generados. La «recuperación» de activos fiscales ocurre en un ejercicio en el que batió sus objetivos financieros. La entidad ganó 5.891 millones, lo que supone un aumento del 1,8% interanual y superar los 5.801 millones estimados por el consenso de Bloomberg. Al inicio del ejercicio los analistas auguraban un desplome del 10% de la cuenta por, precisamente, el nuevo diseño del impuesto y el deterioro en el margen financiero por la reducción a la mitad de los tipos de interés. La expansión del 6,9% en el negocio empujó la cuenta y aupó la rentabilidad al 17,5%.
CaixaBank ha revisado al alza los objetivos financieros tras cerrar 2025 por encima de sus metas y con resultados récord. Finalizó el año con una rentabilidad sobre recursos propios (ROE) del 17,5 % y un ratio de eficiencia del 39,4%. Su plan estratégico 2025-2027 proyectaba un crecimiento anual del 4% en créditos y recursos, elevar la rentabilidad al 16% al final del trienio y reducir el ratio de eficiencia al 40%. Ahora se propone crecer un 6% en la actividad, alcanzar un 20% de rentabilidad RoTE y situar el ratio de eficiencia en el 30%

