El Supremo ha acreditado una trama de contratos irregulares durante la pandemia, en la que también participaron Koldo García y Víctor de Aldama.
Pese a la gravedad, el presidente ha limitado su responsabilidad a calificarlo como un caso puntual protagonizado por “personas concretas”, insistiendo en que él no sabía nada. Una defensa que traslada la idea de que fue engañado por su propio núcleo de confianza.
Sobre el caso Plus Ultra, con el rescate de 53 millones bajo investigación y la implicación de José Luis Rodríguez Zapatero, Sánchez ha negado irregularidades y ha apelado a la presunción de inocencia, sin asumir ningún coste político.
En cuanto a su entorno personal, ha defendido a su mujer y a su hermano, cuyas causas siguen abiertas por posibles delitos de tráfico de influencias y prevaricación, atribuyéndolo todo a bulos, desinformación y ataques coordinados.
El mensaje final ha sido claro: resistir. Sánchez ha insistido en que los casos están acotados, que no existe corrupción generalizada y que el objetivo es debilitar al Gobierno. Ha cerrado filas, rechazado responsabilidades y reforzado la idea de que la única opción es continuar: “la pregunta no es si seguir, sino cómo no vamos a seguir”.
En definitiva, una comparecencia centrada en la defensa, sin autocrítica y con un mensaje dominante: no sabía nada, no se enteraba de nada, y no asume ninguna responsabilidad.

