El mercado de la vivienda se complica. La escalada del conflicto en Irán ha provocado subidas récord en los precios de materias primas esenciales para la construcción y la rehabilitación de inmuebles, tensionando aún más un mercado que ya enfrentaba una crisis de oferta y precios en muchos países de Europa. El petróleo acumula subidas del 50% y el gas natural se ha duplicado en Europa, encareciendo tanto la producción de materiales como su transporte, con ellos, de muchos de los materiales asociados a esta actividad.
En esta escalada, el aluminio —utilizado en ventanas, puertas, fachadas y otros componentes estructurales y estéticos— ha experimentado un aumento notable en los mercados internacionales. Según datos recientes, el precio del aluminio en la London Metal Exchange alcanzó casi 3 500 dólares por tonelada, niveles no vistos en casi cuatro años, tras los ataques a grandes instalaciones productoras en la región del Golfo Pérsico. Unas subidas que se suman a las que ya experimentaba el sector en los últimos años.
Con el estrecho de Ormuz bloqueado, los países del Golfo -que representan el 8 % de la producción mundial de aluminio- no pueden exportar su producción nacional ni importar las materias primas (bauxita y alúmina) que necesitan sus fundiciones. Hace unos días, Aluminum Bahrain (Alba) -que produce el 25 % del aluminio de la región- anunció la suspensión del 19% de su producción, lo que representa el 5 % de la producción de aluminio este metal de la región. En este contexto de deterioro, los precios del aluminio siguen, por tanto, una tendencia al alza (+11,5 % intermensual), tras una subida de casi el 25% durante el último año, según destacan los analistas de Coface.
Estas subidas se han visto alimentadas por los ataques iraníes a plantas en Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, y por el cierre parcial de rutas clave como el estrecho de Ormuz. La interrupción del suministro y el temor a nuevas perturbaciones han generado un fuerte incremento en las primas de riesgo y los inventarios internacionales están en niveles bajos. El impacto del conflicto en los precios de los materiales de construcción no se limita al aluminio. El cemento, base del hormigón que sostiene cimientos, muros y losas, también está sintiendo el efecto de la crisis global de costos.
Aunque el cemento no cotiza en un mercado global único como los metales, los sectores productivos han alertado de presiones al alza continuas debido al incremento de los costes energéticos —crudo, gas y derivados— y de transporte, que constituyen una parte sustancial del coste total de producción. Para el sector de la construcción, esto se traduce en un doble efecto adverso. Por un lado, la subida de precios de materiales encarece la ejecución de nuevas obras; por otro, la rehabilitación de edificios existentes, que en muchos países es clave para mejorar la eficiencia energética y aumentar la oferta de vivienda habitable, también se ve golpeada.
Las reformas de cerramientos, sustitución de ventanas o refuerzos estructurales dependen a menudo de aluminio y cemento, cuyo coste creciente está reduciendo la rentabilidad de estos trabajos y, en algunos casos, provocando retrasos. Este contexto explica la preocupación expresada por organizaciones del sector, desde asociaciones de constructores hasta patronales regionales, que han pedido medidas inmediatas para mitigar los efectos de la crisis de materiales y evitar la paralización de proyectos.
En España y en otros mercados europeos, la construcción ya sufría un problema de oferta insuficiente de vivienda junto a unos altos costes de financiación. La guerra en Irán y la consiguiente subida de precios de insumos como el aluminio y el cemento agravan estos desequilibrios, encareciendo aún más las obras y dificultando la promoción de nuevas viviendas en un contexto de baja rentabilidad para los promotores.
Ante este encarecimiento de la obra nueva, la vivienda usada gana protagonismo, pero no escapa al impacto de la subida de costes: la rehabilitación y mejora de hogares también se dispara. Los efectos, además, trascienden el sector inmobiliario: el aumento del precio de los materiales y del crudo presiona la inflación general y eleva los costes hipotecarios, factores que, combinados, podrían frenar todavía más la actividad constructora y dificultar el acceso a la vivienda.
