Según un estudio de licitaciones.io basado en más de 44.000 expedientes adjudicados entre 2024 y 2026, el 90,6% de los contratos se conceden a la oferta más económica.
La relevancia del precio es aún mayor en los contratos de gran volumen. En las licitaciones superiores a 20 millones de euros, el 92,9% de las adjudicaciones recaen en la propuesta más barata, desmintiendo la idea de que la calidad tenga un peso decisivo en este tipo de proyectos.
No obstante, los criterios de calidad siguen presentes, aunque cada vez más a través de indicadores objetivos como eficiencia energética, costes de mantenimiento, fiabilidad o coste del ciclo de vida. Esto provoca que las puntuaciones técnicas entre competidores sean muy similares y refuerza la importancia de la oferta económica.
El estudio también señala que los criterios sujetos a valoración subjetiva tienen cada vez menos influencia, especialmente en los grandes contratos, reduciendo el impacto de factores como la reputación, la experiencia comercial o la presentación de la propuesta.
Cuando la oferta más barata no resulta adjudicataria, la diferencia de precio suele ser limitada. En las grandes licitaciones, el sobrecoste respecto a la propuesta más económica presenta una mediana del 6,6%, lo que indica que las administraciones solo se apartan de ella cuando existen razones objetivas y cuantificables.
Para las empresas, la conclusión es clara: una oferta técnica sólida sigue siendo necesaria, pero la competitividad económica continúa marcando la diferencia en la mayoría de los concursos públicos.

