El año cierra con la menor caída del paro y la segunda menor creación de empleo en más de diez años digan lo que digan y nos cuenten la película que nos cuenten. Y es que las cifras de paro y empleo registradas al cierre de 2025 reflejan un claro estancamiento en el mercado laboral español, evidenciando una desaceleración que debe preocupar tanto a los responsables políticos como a los agentes sociales.
El hecho de que diciembre, tradicionalmente un mes de alivio por las contrataciones navideñas, haya mostrado la segunda menor creación de empleo en más de una década y una caída del paro más tímida, pone de manifiesto la fragilidad de la recuperación. El crecimiento de los demandantes de empleo, que ya superan los 4,3 millones, y la ampliación de la brecha entre el paro «oficial» y el efectivo, indican que la realidad laboral es menos positiva de lo que sugieren los datos principales.
Especialmente preocupante es el predominio del empleo temporal en la creación de puestos de trabajo, así como la caída de los contratos indefinidos a tiempo completo. Aunque la cifra de ocupados alcanza récords históricos, la calidad del empleo sigue siendo insuficiente para garantizar estabilidad y bienestar a los trabajadores. El avance de la contratación temporal y el aumento de los fijos discontinuos en inactividad reflejan una tendencia que pone en cuestión la solidez del modelo laboral actual. Es imprescindible que las políticas de empleo se orienten no solo a crear puestos de trabajo, sino a mejorar su calidad y sostenibilidad, para que la recuperación del mercado laboral sea realmente efectiva y beneficiosa para toda la sociedad.
Para abordar y revertir las malas cifras de paro y el frenazo en la creación de empleo que se ha registrado en 2025, es necesario aplicar varias medidas estratégicas. En primer lugar, el Gobierno y las administraciones públicas podrían reforzar las políticas activas de empleo, impulsando la formación profesional y la recualificación de trabajadores, especialmente en sectores afectados por la temporalidad y la estacionalidad. Esto permitiría a los desempleados acceder a nuevas oportunidades laborales adaptadas a las demandas actuales del mercado.
Además, sería conveniente incentivar la contratación indefinida a través de bonificaciones y reducciones fiscales para las empresas que apuesten por empleos estables y a jornada completa. La digitalización y el apoyo a la innovación empresarial, junto con la promoción de sectores emergentes como las energías renovables y la economía digital, contribuirían a diversificar el mercado laboral y generar nuevas fuentes de empleo de calidad.
Por otro lado, es fundamental mejorar la protección de los trabajadores con contratos fijos discontinuos, asegurando que tengan acceso a prestaciones y formación durante los periodos de inactividad. Finalmente, la cooperación entre empresas, sindicatos y administraciones puede facilitar la adaptación de la legislación laboral a la realidad del mercado, favoreciendo la estabilidad y el crecimiento económico sostenible.

