El empresario sostiene, junto a Dimas de Andrés, que su oferta era “económicamente superior”, con una prima del 55% sobre el valor nominal de las acciones y sin dilución para los accionistas. Su propuesta valoraba el club en 6,84 millones y contemplaba un compromiso global cercano a los 29 millones, incluyendo 2 millones inmediatos para el proyecto deportivo y patrocinios de hasta 20 millones destinados al primer equipo y la cantera.
La polémica surge tras el anuncio de la entrada de Mejía, cifrada en torno a seis millones, otros seis adicionales y hasta nueve condicionados. Según Siles, incluso sumando esos importes, la oferta rival quedaría por debajo de la suya.
La operación deberá pasar el filtro del Consejo Superior de Deportes. Siles asegura que aún no se ha registrado oficialmente y defiende que el regulador debe analizar la identidad del comprador, el origen de los fondos y la viabilidad del proyecto. “Una sociedad anónima deportiva no es un coche; no puedes hacer lo que quieras”, afirma.
Su entorno estudia acciones legales por posibles irregularidades y recuerda que, como accionistas, pueden exigir el respeto de sus derechos en el proceso.
Además, advierte sobre la situación financiera del club, que tendría que afrontar pagos a Hacienda de entre uno y dos millones y depende de ingresos propios de una categoría superior. Si no se logra el ascenso, esos ingresos podrían deteriorarse.
El futuro de Estudiantes queda así pendiente de dos frentes: el societario, con la validación interna de la operación, y el regulatorio, con la decisión del Consejo Superior de Deportes. Mientras tanto, Siles mantiene su oferta y reclama que se comparen formalmente ambas propuestas antes de cerrar la entrada de Mejía.

