Europa lleva años siendo señalada como una economía en declive. La pérdida de peso industrial, el avance tecnológico de Estados Unidos y Asia, la elevada regulación y el envejecimiento demográfico han alimentado la percepción de que el continente ha entrado en una fase de estancamiento. No en vano, la participación de la Unión Europea en el PIB mundial ha pasado de cerca del 28% en 1980 a menos del 14% en la actualidad.
Sin embargo, esa imagen convive con otra realidad menos visible: Europa sigue albergando algunas de las economías más ricas del planeta. Según las previsiones del FMI para 2026, los cinco países con mayor renta per cápita son europeos: Liechtenstein, Luxemburgo, Irlanda, Suiza y Noruega. Además, ocho de las diez primeras posiciones del ranking mundial corresponden a países del continente.
Economistas como Paul Krugman cuestionan la idea de una decadencia irreversible y recuerdan que la comparación con Estados Unidos depende en gran medida de cómo se mida la riqueza. Aunque la economía estadounidense ha crecido más deprisa, indicadores ajustados al poder adquisitivo muestran que la distancia entre Europa y EEUU es menor de lo que sugieren las estadísticas tradicionales.
A ello se suma que los europeos disfrutan, en general, de mayor esperanza de vida, menor desigualdad, mejores servicios públicos y más tiempo libre. Parte de la diferencia económica con Estados Unidos responde, precisamente, a que en Europa se trabaja menos horas al año y existe una mayor preferencia por el equilibrio entre vida personal y laboral.
Esto no significa que los problemas sean menores. Europa afronta retos importantes en innovación, productividad, inversión tecnológica y sostenibilidad demográfica. Pero tampoco puede considerarse una región empobrecida. Su capital humano, sus infraestructuras, sus instituciones y sus empresas siguen situándola entre las áreas más desarrolladas del mundo.
En definitiva, Europa ha perdido influencia relativa en la economía global, pero mantiene una extraordinaria capacidad para generar riqueza y bienestar. El desafío ahora consiste en corregir sus debilidades sin renunciar a las fortalezas que aún la convierten en uno de los lugares más prósperos del planeta.
