Los cinco herederos del dirigente se dividirán las acciones de Freixenet que todavía tenía Josep Ferrer, el único miembro de las familias fundadoras junto a José Luis Bonet –presidente de la Cámara de Comercio de España- que no vendió sus participaciones a Henkell en 2018. Las fuentes consultadas por este medio señalan que el reparto se hizo a partes iguales, lo que daría un paquete del 8,55% a cada uno. Contactada por elEconomista.es, la organización con sede en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona) declinó hacer comentarios.
La firma alemana no incrementará así su posición en el capital de la cavista. El pacto de socios sellado hace ocho años se mantiene y, más allá del fallecimiento del presidente de honor, tampoco existen cambios a nivel ejecutivo. La empresa mantendrá la bicefalia con dos consejeros delegados: Andreas Brokemper, CEO también de Henkell Freixenet -así se llama la matriz-, y Pere Ferrer, que representa al 50% restante del accionariado, incluido a Bonet. Los nuevos accionistas afrontan el reto de sustituir a Josep Ferrer, miembro de la segunda generación de las familias de Freixenet. Hijo de Pedro Ferrer y Dolors Sala, entró en la empresa en 1947 y asumió la dirección general en 1959. En 1978 fue nombrado presidente hasta 1999, cuando se jubiló como presidente de honor hasta la fecha.
El empresario se mantuvo firme en 2016 cuando los Hevia y los Bonet –con el 29% del capital cada uno- decidieron vender la cavista descontentos con la rentabilidad percibida. Solamente José Luis Bonet se desmarcó de esta alianza, que lideraba Enrique Hevia. Los Ferrer se desmarcaron de este pacto y trataron de formular una oferta alternativa, aunque no fructificó. Finalmente, en 2018, Henkell, entonces propiedad del grupo alemán Dr. Oetker y hoy propiedad de otra rama de la familia germana tras la escisión del conglomerado, formalizó la adquisición de la mitad de la organización.
