Según los datos hasta abril, representan el 31% de las nuevas altas, frente al 27,9% de 2025, rompiendo la tendencia iniciada con la reforma de pensiones de 2022 impulsada por José Luis Escrivá, que buscaba retrasar la salida del mercado laboral.
Dicha reforma introdujo penalizaciones de hasta el 30% para desincentivar el retiro anticipado y contener el impacto del envejecimiento de la población. Durante los años siguientes, el peso de estas jubilaciones bajó de forma progresiva, pero en 2026 repunta más de tres puntos y lo hace en todas sus modalidades.
Destaca especialmente el aumento de las jubilaciones anticipadas voluntarias, que tras caer hasta el 15,8% en 2025, suben al 17,9%, cuestionando la eficacia de los incentivos diseñados para retrasar la edad de retiro.
Por el contrario, las jubilaciones no voluntarias han seguido reduciéndose, al igual que la modalidad especial a los 64 años, prácticamente desaparecida. Esto sugiere que la caída anterior se debió en gran parte a factores ajenos a la reforma.
En paralelo, la jubilación demorada ha crecido, pasando del 4,8% en 2021 al 12,3% en 2026, aunque muy por debajo de las previsiones iniciales, que apuntaban a que alcanzaría el 75% de las nuevas altas.
En conjunto, los datos muestran que, pese a ciertos avances, la reforma no ha logrado consolidar un retraso generalizado de la edad efectiva de jubilación, lo que mantiene dudas sobre su impacto futuro en el gasto en pensiones.
