El paso también es clave para el mercado del gas natural licuado (GNL). Cerca de una quinta parte del suministro mundial, principalmente procedente de Qatar, transitó por esta ruta el año pasado.
Arabia Saudí es el mayor exportador de crudo a través del Estrecho de Ormuz, si bien dispone de una alternativa parcial mediante un oleoducto de aproximadamente 1.200 kilómetros que cruza el reino hasta el mar Rojo y cuenta con capacidad para transportar 5 millones de barriles diarios. Un caso similar es el de Emiratos Árabes Unidos, que también contaría con una vía para sortear parcialmente el paso por el estrecho. Se trata de un oleoducto que conecta sus campos petroleros con un puerto en el golfo de Omán, con una capacidad cercana a 1,5 millones de barriles diarios.
Irak cuenta con un oleoducto que atraviesa Turquía hasta la costa mediterránea y fue reabierto el año pasado. Sin embargo, solo transporta crudo procedente de campos en el norte del país, por lo que la mayor parte de sus exportaciones sigue dependiendo del puerto de Basora y del tránsito por Ormuz. Kuwait, Qatar y Baréin no disponen de rutas alternativas y deben exportar exclusivamente por el estrecho. Irán, por su parte, también depende de este canal para sus exportaciones. En 2025, el volumen de crudo iraní transportado por el estrecho alcanzó su nivel más alto desde 2018.
Si el tránsito se volviera peligroso, los buques podrían operar en convoy bajo protección de marinas occidentales. Esto ralentizaría el tráfico, pero no necesariamente implicaría una reducción sustancial de la oferta global de crudo. Un cierre total del estrecho de más de unos días representaría un escenario crítico para los mercados energéticos. Tanto, que hay analistas que, bajo ese supuesto, sitúan el precio del barril de petróleo entre los 120 y los 150 dólares.
