El restaurante más fotografiado, y probablemente más citado en planes de cualquier madrileño, inicia una nueva etapa en la que cocina, estética e identidad se alinean para marcar un punto y seguido en su historia. Perrachica manifiesta así su madurez: sigue siendo el local al que vas “porque sí”, pero ahora con una propuesta más cuidada y una experiencia que va un paso más allá.
La renovación comienza por la carta, un regreso a lo esencial donde el producto manda y la estacionalidad marca el ritmo. Esta filosofía se traslada también al rediseño de su identidad visual y a un interiorismo que apuesta por la claridad, los materiales nobles y un ambiente más cálido. La nueva propuesta gastronómica respeta los hits que lo convirtieron en referencia del barrio, pero incorpora un enfoque más fresco y contemporáneo que pone en valor los ingredientes de temporada. Entre los entrantes fríos, reivindica los clásicos de siempre: ensaladilla de atún, hummus con frutos secos, miel de caña y berenjenas crujientes, o combinaciones tan apetecibles como la burrata con tomate dulce o el dúo tomate de temporada, aguacate–ventresca.
Los entrantes calientes mantienen ese espíritu castizo tan Perrachica, pero con elaboraciones revisadas y llenas de sabor. Las rabas de potera con huevo frito llegan para convertirse en nuevo imprescindible, mientras que los tacos de gambón o los huevos con pisto versión carbón se presentan más cuidados y sabrosos. No faltan iconos como las croquetas de jamón ibérico o las alcachofas a la brasa, que se mantienen como emblemas del local. En arroces y pastas, la carta incorpora nuevos favoritos: arroz abanda de langostino de Sanlúcar, macarrones gratinados con chorizo de León o los canelones de carne y jamón ibérico, junto al risotto de puntalette con setas, trufa y parmesano. Entre los crudos destaca un elegante crudo de atún de almadraba con aliño de tomate rallado
El capítulo de carnes y pescados sigue esta línea con propuestas como el entrecot de atún con romesco, el salmón braseado a las finas hierbas o la milanesa de pollo de corral, junto a los clásicos infalibles: su solomillo a la parrilla y la Smash que ya es favorita del barrio. La sobremesa no decepciona: los grandes clásicos de Perrachica, tarta de queso, galleta caliente con helado, sorbete de limón, se combinan con novedades dulces como el tiramisú pistacho Dubái y la tarta de limón sin gluten, sumando opciones irresistibles a la carta.
Coincidiendo con su décimo aniversario, Perrachica inaugura una identidad visual completamente renovada. El proyecto de interiorismo apuesta por la sencillez y un minimalismo cálido que elimina el “ruido” visual para concentrar la energía en materiales auténticos, texturas naturales y una atmósfera serena. La esencia industrial que siempre definió a Perrachica se mantiene, pero se introduce un lenguaje actualizado para dotar al espacio de mayor personalidad. La cabina del DJ se transforma en un escenario, convirtiéndose en el centro de atención del cliente gracias a un juego de materiales y una iluminación cuidadosamente diseñada.
