El caso de Venezuela lo evidencia: pese a contar con las mayores reservas probadas del mundo, en los últimos cuatro años apenas aportó el 1% de la producción global de crudo. Por el contrario, Estados Unidos, con solo una quinta parte de esas reservas, lidera la producción mundial con cerca del 21%.
La brecha se explica por factores clave: capital, instituciones y tiempo. La extracción petrolera es intensiva en inversión, lenta de escalar y altamente sensible a la estabilidad política. Incluso con los cambios recientes en el liderazgo venezolano, una recuperación significativa requeriría cuantiosos recursos privados y varios años de ejecución sostenida.
Conclusión: es poco probable un aumento relevante del suministro mundial de petróleo en el corto plazo. No obstante, incluso mejoras modestas e inesperadas ayudarían a reducir riesgos al alza en los precios de la energía, favoreciendo una moderación más sostenida de la inflación en Estados Unidos.
