La industria de la eurozona reforzó su recuperación en agosto, pero España evolucionó en sentido contrario. Mientras el PMI manufacturero del bloque aumentó de 51,9 a 52,7 puntos, su nivel más alto desde mayo de 2022, el índice español cayó de 50,2 a 49,5, entrando de nuevo en zona de contracción.
Según S&P Global Market Intelligence, la industria europea ha logrado sortear, por ahora, el impacto del encarecimiento del petróleo y las disrupciones derivadas del conflicto en Oriente Medio. La producción aumentó por tercer mes consecutivo, apoyada en una mejora de la cartera de pedidos y en la recuperación de la demanda exterior.
Los nuevos pedidos en la eurozona registraron su mayor avance desde principios de 2022, mientras que las exportaciones crecieron por segunda vez en cuatro años y medio, con especial fortaleza en Alemania, Austria y Países Bajos. Además, el empleo se estabilizó tras más de tres años de descensos y la confianza empresarial mejoró por cuarto mes seguido.
Frente a esta tendencia, la industria española vivió un agosto más complicado. La producción y los nuevos pedidos retrocedieron debido al estancamiento de la demanda y a la incertidumbre del mercado. La caída de la actividad fue especialmente intensa en los fabricantes de bienes de capital, afectados por la dificultad para atraer inversiones y cerrar nuevos contratos.
La producción registró su mayor descenso desde finales de 2023 y las ventas, tanto nacionales como internacionales, también se debilitaron. Las empresas redujeron compras por noveno mes consecutivo, recortaron empleo y continuaron consumiendo inventarios para ajustar costes.
A ello se sumó un nuevo repunte de los costes energéticos, que elevó la inflación de los insumos y presionó los márgenes empresariales. Aunque los fabricantes trasladaron parte de este incremento a los precios de venta, lo hicieron de forma limitada.
Las compañías españolas mantienen además una visión prudente sobre los próximos meses. El encarecimiento de la energía, las tensiones en las cadenas de suministro y la debilidad de la demanda han deteriorado la confianza empresarial, que sigue por debajo de sus niveles habituales.
Así, mientras la industria de la eurozona consolida su recuperación, España vuelve a mostrar señales de enfriamiento y se sitúa entre las economías que más dificultades encuentran para aprovechar el repunte manufacturero europeo.
