Este deterioro la sitúa por debajo de los niveles previos a la pandemia: es un 3,4% inferior a finales de 2019. Por su parte, la productividad por hora trabajada apenas crece y se ha desacelerado hasta el 0,6% interanual.
La diferencia entre ambos indicadores se explica por la reducción de horas trabajadas por empleado, generalizada en la mayoría de sectores. Esto refleja un problema estructural: la economía genera empleo, pero no más valor por hora trabajada.
El IEE prevé que la productividad cierre 2026 en negativo (-0,2%), prolongando la tendencia de 2025. El crecimiento del PIB, por tanto, se basa en el aumento de la población y del empleo, no en mejoras de eficiencia o valor añadido, lo que limita la competitividad.
Esta debilidad afecta al clima empresarial, agravada además por el incremento de los costes salariales y energéticos. Por ello, los expertos insisten en la necesidad de reforzar la productividad, la inversión, la innovación y el capital humano.
Las políticas económicas, señalan, deben centrarse en la oferta: mejorar el sistema educativo, reducir el desempleo estructural y favorecer actividades de mayor valor. Apoyarse únicamente en el aumento de la población no garantiza un crecimiento sostenible.
Otros organismos, como BBVA Research, coinciden en que, pese a prever un crecimiento superior al 2% en 2026-2027, existen importantes retos estructurales, como la baja productividad y la escasez de vivienda.
El Banco de España subraya además que las empresas españolas presentan menor productividad que las de la eurozona en todos los tamaños y que el reducido peso de grandes compañías limita el avance agregado. Cerrar esta brecha requeriría décadas de crecimiento superior al europeo.
Entre los desafíos pendientes destacan la fragmentación regulatoria, que dificulta la eficiencia, y la necesidad de aprovechar la inteligencia artificial para mejorar el rendimiento empresarial.
Las comparaciones europeas reflejan una evolución desfavorable: España se mantiene por debajo de la media de la UE y de la eurozona en productividad por trabajador. Los economistas coinciden en que esta variable es clave para mejorar la renta per cápita y sostener el crecimiento a largo plazo.
