El encuentro reunirá a Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Polonia en el llamado “E5”, un formato impulsado para coordinar estrategia en defensa y Ucrania. La ausencia española no es un detalle menor: evidencia una pérdida de peso político en un momento en el que el Gobierno llevaba años intentando proyectarse como actor relevante en la UE.
Y no es casual.
El principal punto de fricción gira en torno al gasto en Defensa. Mientras la mayoría de aliados se alinean con la exigencia de elevarlo de forma drástica, España se ha desmarcado, generando incomodidad tanto en las capitales europeas como en Washington. En un contexto de tensión internacional, esa posición tiene un coste: menos influencia.
Merz ya lo dejó claro en Washington junto a Trump al insistir en que todos los socios deben asumir más responsabilidades. Ahora, con hechos, Alemania marca distancias. Aunque el canciller hable de “liderazgo” y niegue exclusiones, el mensaje es evidente: las decisiones estratégicas se están tomando en círculos más reducidos donde España no cuenta.
El rediseño de ese grupo —tras incluir a Italia y Polonia, que se quejaron de quedarse fuera en reuniones previas— refuerza aún más esa idea. Otros protestan y entran. España, simplemente, desaparece del tablero.
Todo esto ocurre en un momento crítico para la OTAN, con tres ejes sobre la mesa: más gasto militar, apoyo a Ucrania y menor dependencia de Estados Unidos. Washington ya ha avisado de que Europa tendrá que asumir más peso, y países como Alemania están moviendo ficha para liderar ese proceso.
En ese escenario, la ambigüedad española en materia de defensa y su escasa implicación en determinadas crisis recientes han alimentado dudas entre los aliados. Y en política internacional, las dudas se traducen rápido en aislamiento.
La ausencia en Berlín no es un episodio aislado. Es el síntoma de algo más profundo: cuando un país pierde credibilidad en los asuntos estratégicos, deja de estar en la mesa donde realmente se decide.
Porque en Europa, como en cualquier ámbito de poder, no basta con estar: hay que contar. Y ahora mismo, España cuenta menos.
