La decisión se tomó el miércoles en La Moncloa, tras una reunión de crisis y después de que la difusión de sus planes provocara malestar tanto dentro del PSOE como en el ámbito mediático.
El desplazamiento, conocido únicamente por su entorno más cercano, pretendía mantenerse en la máxima discreción. Sin embargo, al hacerse pública la información, el presidente optó por modificar su agenda para evitar que aumentara la polémica sobre la duración de sus vacaciones, especialmente en un contexto marcado por las críticas a la respuesta del Gobierno ante la crisis migratoria de Ceuta.
Según fuentes próximas al Ejecutivo, Sánchez mostró irritación al ver alterados sus planes para los últimos días de descanso, que incluían la práctica de una de sus aficiones favoritas, la bicicleta de montaña. La noticia de su viaje trascendió apenas 48 horas después del Consejo de Ministros centrado en la situación de Ceuta, obligando a La Moncloa a reaccionar.
Entre las medidas adoptadas figuró el adelanto de la comparecencia del presidente en el Congreso para informar sobre la crisis. Inicialmente prevista para el 9 de septiembre, la sesión se celebrará finalmente el 3 de septiembre ante la presión de los socios parlamentarios y la creciente repercusión pública del asunto.
La posibilidad de mantener el viaje a pocos días de esa comparecencia amenazaba con alimentar nuevas críticas de la oposición. Ante ese escenario, el entorno más próximo al presidente terminó aconsejando la cancelación definitiva del desplazamiento.
La controversia también tuvo eco dentro del PSOE. Sectores críticos mostraron su preocupación por la gestión de la crisis de Ceuta y cuestionaron la ausencia de liderazgo del Ejecutivo durante las semanas posteriores a los acontecimientos. El presidente de Castilla-La Mancha, García-Page, fue quien expresó públicamente ese malestar al considerar que la respuesta del Gobierno había sido insuficiente y que el mando político debía haberse ejercido mucho antes.
