El grupo cántabro ha vendido una cartera de 368 millones de euros en hipotecas a los estadounidenses Morgan Stanley y un coinversor. El portfolio, bautizado como ‘Proyecto Carabela’, integra préstamos al corriente de pago, según fuentes del mercado. La transacción encaja en la apuesta de la entidad que preside Ana Botín de movilizar riesgos que transfiere a terceros para «liberar» recursos propios, consiguiendo munición extra para conceder nuevas financiaciones o destinarla a negocios o filiales que ofrecen mayores oportunidades de empujar el crecimiento con mejores réditos.
En este contexto, Santander ha cerrado operaciones bilaterales con otros grandes fondos internacionales como BlackRock y Apollo Global Management.
En la transacción con Apollo, la filial Apterra especializada en soluciones de financiación de infraestructuras del fondo estadounidense invirtió en otra cartera de crédito en infraestructuras del banco con un saldo vivo de aproximadamente 370 millones, cuantía equivalente a la operación que acaba de cerrarse.
Morgan Stanley, por su parte, aumenta su exposición al crédito inmobiliario en el mercado nacional. En 2024 ya negoció una operación de mayor envergadura (900 millones de euros, aproximadamente) también con Banco Santander, si bien en este caso su interés se centraba en créditos reperforming, es decir, financiaciones sanas pero sometidas a alguna reestructuración o impago en el último año. En el mismo sentido, el grupo americano ha mostrado interés por una cartera de crédito de CaixaBank, por la que ha negociado junto a CarVal.
El grupo cántabro tiene por eje de su estrategia optimizar el uso del capital para maximizar los retornos. Su objetivo estratégico para el trienio 2026-2028 es elevar la rentabilidad calculada sobre activos tangibles (RoTE) desde el 16,3% con que finalizó el ejercicio 2025 hasta un 20%, y optimizar la utilización de capital forma parte de las palancas para conseguirlo.
