Ambos han analizado cómo el nuevo contexto geopolítico está redefiniendo la transición energética y las políticas europeas, y han centrado sus intervenciones en el equilibrio entre seguridad de suministro, competitividad y descarbonización.
Durante su intervención, Vijay V. Vaitheeswaran ha analizado las implicaciones del conflicto en torno al estrecho de Ormuz, al que ha definido como “el mayor shock energético de la historia reciente” y ha reflexionado sobre su impacto en la transición energética mundial. “Los mayores impactos de las recientes tensiones energéticas no se han producido en Europa ni en América, sino en África Oriental, Asia del Sur, el Sudeste Asiático y China. Han sido, además, los países con menos recursos los que más han sufrido las consecuencias de la interrupción del suministro de combustibles a través del Estrecho de Ormuz. La gran incógnita ahora es cuándo volveremos a una situación de normalidad”. Vijay apuntaba además a que “aunque el crecimiento de las energías renovables ha sido extraordinario en las últimas décadas, la realidad es que cerca del 80% de la energía que consume el mundo sigue procediendo de combustibles fósiles. La economía global continúa sustentándose sobre ellos y, si se analizan los precios del petróleo ajustados a la inflación, estos siguen siendo relativamente bajos en comparación con otras grandes crisis energéticas. Por eso, cada vez más expertos consideran que el sistema energético actual ha demostrado una gran capacidad de resiliencia, muy superior a la que existía durante las crisis del petróleo de los años setenta”.
Sin embargo, señalaba que “más allá de las crisis coyunturales, el sector energético está inmerso en una transformación estructural impulsada por grandes tendencias de largo recorrido, como la seguridad energética, la electrificación, la innovación, la descarbonización y la digitalización. Hemos pasado de una etapa en la que las principales preocupaciones giraban en torno al cambio climático a otra en la que la seguridad del suministro condicionará las inversiones y las decisiones estratégicas durante la próxima década. La buena noticia es que esa mayor preocupación por la seguridad energética no es incompatible con acelerar la transición hacia fuentes de energía más limpias y de producción local. De hecho, estamos asistiendo a un crecimiento exponencial de las tecnologías energéticas alternativas, acompañado de una caída igualmente exponencial de sus costes. La energía solar es el mejor ejemplo: en los últimos cinco años ha experimentado más avances que en los quince anteriores, reduciendo drásticamente sus costes y mejorando su competitividad, aunque todavía quedan retos importantes relacionados con la intermitencia y el almacenamiento”.
Por su parte, Jones se ha centrado en la respuesta de la Unión Europea al nuevo contexto internacional. Ha repasado las principales políticas climáticas y energéticas impulsadas en los últimos años. Jones ha planteado si este enfoque sigue siendo plenamente válido en un escenario internacional profundamente distinto al existente cuando se diseñó el Pacto Verde Europeo. Jones ha mencionado algunas de las claves a nivel europeo para solventar este problema. “En primer lugar, tenemos la Ley del Clima, que establece un compromiso para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 55% en 2030 respecto a los niveles de 2009 y un 90% en 2040. Alcanzar estos objetivos implica la descarbonización completa de la industria, del sistema eléctrico y de prácticamente todas las formas de transporte. Sin embargo, mientras Europa mantiene esta ambición, el resto del mundo se está alejando de considerar la descarbonización como una prioridad. El ETS es una herramienta sencilla en su planteamiento, pero presenta un reto fundamental, ya que la Unión Europea solo representa alrededor del 6% de las emisiones globales y ese porcentaje sigue disminuyendo. Además, salvo casos aislados, prácticamente ninguna región del mundo aplica un precio al carbono superior a los 40 dólares, lo que sitúa a la industria europea en una clara desventaja competitiva. Para compensarlo, la UE ha puesto en marcha el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, que obliga a las importaciones a asumir un coste equivalente al del ETS. No obstante, si Europa quiere alcanzar una reducción del 90% de las emisiones, será necesario elevar el precio del carbono hasta una horquilla de entre 180 y 240 dólares por tonelada. La gran pregunta es si estaremos dispuestos a asumir el coste que ello supondrá tanto para la ciudadanía como para la industria y cómo debe reaccionar Europa ante este desafío”.
Por otro lado, comentaba que “la electrificación representa otra de las grandes transformaciones en marcha en Europa. La revolución de las energías renovables comenzó en la década de 1990 con la primera directiva europea en esta materia, pero hoy se enfrenta a importantes limitaciones. En muchos países, las redes eléctricas ya no tienen capacidad para integrar más generación renovable. Por ello, la Comisión Europea prevé inversiones de alrededor de 500.000 millones de dólares durante la próxima década y de un billón de dólares en un horizonte de entre 15 y 20 años para reforzar las infraestructuras eléctricas. Además, en materia de política comercial, la Unión Europea está desarrollando nuevas herramientas para reforzar la competitividad de su industria respetando al mismo tiempo las normas de la Organización Mundial del Comercio. Entre ellas figuran iniciativas como la Ley de Industria de Cero Emisiones Netas, la Ley de Aceleración Industrial o el Reglamento sobre Subvenciones Extranjeras, todas ellas orientadas a reducir la presión competitiva derivada, especialmente, de China. Estas medidas favorecerán la producción de tecnologías estratégicas fabricadas en Europa dentro de los procesos de contratación pública, un ámbito que representa aproximadamente el 15% del PIB europeo”.
Por último, Jones mencionaba la gobernanza social y climática, que constituye otro de los grandes pilares de la estrategia europea. “La Unión Europea ha desarrollado un conjunto de estándares considerados de referencia internacional con el objetivo de garantizar que todos los actores compitan bajo las mismas reglas de juego. Sin embargo, el contexto geopolítico y económico ha cambiado y la política europea actual sigue respondiendo, en gran medida, a un mundo diseñado para las condiciones de 2009, lo que obliga a replantear cómo adaptar ese marco a la nueva realidad internacional”.
En el inicio de la jornada, ha tomado la palabra Rafael Villaseca, presidente de Fundación Naturgy, quien ha destacado que “estas sesiones son fundamentales en un momento en el que la incertidumbre nos lleva a seguir pensando”. El presidente de Fundación Naturgy afirmaba que “estamos pasando por una transición energética compleja. Europa se enfrenta al reto de conciliar su objetivo de descarbonización con la seguridad de suministro, la competitividad económica, la autonomía estratégica y unos precios energéticos asequibles. Es un proceso marcado por tensiones, compromisos y decisiones difíciles que requieren realismo y pragmatismo. La magnitud de la inversión actualmente está surgiendo y coexistiendo en todo el mundo con diferentes enfoques para abordar este desafío, y esto, junto con la rapidez del cambio tecnológico, hace que los marcos regulatorios sean imprescindibles”. Villaseca terminaba su intervención confirmando que “en este nuevo panorama, el diálogo entre una perspectiva global y la respuesta europea, como el que pretendemos fomentar hoy, es más necesario que nunca”.
También ha estado presente José Luis Suárez, profesor emérito del Departamento de Dirección Financiera y exdirector del Campus de IESE en Madrid, quien coincidía en que “el panorama energético actual está siendo reconfigurado por la incertidumbre geopolítica y la aceleración de la transición energética. En este contexto, es muy importante comprender la perspectiva global y la respuesta europea”.
