La institución destaca que España mantiene un tipo nominal del 25 %, cuatro puntos por encima de la media europea, «pese a que los márgenes empresariales en 2024 son similares a los de 2019».
«La evidencia empírica indica que alrededor del 50 % del Impuesto de Sociedades se traslada a los trabajadores, añade el Mariana lo que se traduce en unos 940 euros menos al año por trabajador en términos de salario.
«Esto hace que, según revela la literatura económica, el Impuesto de Sociedades se traduzca en salarios más bajos, afectando el poder adquisitivo de los trabajadores, así como en unos precios más elevados, lo que también golpea a los particulares en forma de inflación y pérdida de poder adquisitivo, o menos dividendos, lo que perjudica a aquellos ciudadanos que ahorran e invierten en empresas».
En concreto, el Instituto Juan de Mariana presenta dos informes con propuestas concretas para la reforma de la fiscalidad empresarial. El primero de ellos, elaborado por Sánchez de la Cruz y Pinto, calcula la Curva de Laffer del Impuesto de Sociedades y recomienda la rebaja del tipo general del 25% al 21%. El segundo, firmado por Sánchez de la Cruz junto a Calvo, propone la instauración de un nuevo sistema de deducción inmediata de las inversiones empresariales, con ánimo de impulsar el crecimiento y la formación de capital.
LA CURVA DE LAFFER Y EL IMPUESTO DE SOCIEDADES
Una presión fiscal excesiva y distorsionadora
En 2024, los ingresos tributarios alcanzaron 294.734 millones de euros (+8,4%), muy por encima del crecimiento del PIB (+3,5%). Desde 2018 hasta 2024 se han aprobado 97 subidas o endurecimientos fiscales, lo que apunta a una estrategia de mayor extracción fiscal, y no a un crecimiento orgánico de las bases.
La recaudación por Sociedades se dispara un 57% desde que gobierna Pedro Sánchez
La recaudación del IS pasó de 24.838 millones en 2018 a 39.096 millones en 2024. España mantiene un tipo nominal del 25%, frente a una media europea cercana al 21%, pese a que los márgenes empresariales en 2024 son similares a los de 2019.
España está en el tramo prohibitivo de la Curva de Laffer
El análisis econométrico realizado sitúa el tipo de equilibrio recaudatorio en el 21,6%, es decir, 3,4 puntos por debajo del tipo general vigente. Reducir el IS hasta ese entorno permitiría mantener o incluso aumentar la recaudación, gracias a una mayor base imponible.
Evidencia internacional clara: el caso de Estados Unidos
Tras bajar el IS del 35% al 21% en 2017, la recaudación corporativa en EE. UU. es hoy un 40% mayor en términos reales que antes de la reforma. En el medio plazo, el recorte fiscal fue acompañado de un fuerte aumento de inversión y actividad.
España va a contracorriente en Europa
Países con tipos similares o superiores —como Alemania, Italia o Países Bajos— han anunciado rebajas relevantes. En el ranking de competitividad fiscal de la OCDE, España ocupa el puesto 29 de 38 en fiscalidad empresarial.
La carga del IS recae en los salarios
La evidencia empírica indica que alrededor del 50% del Impuesto de Sociedades se traslada a los trabajadores. En España, esto se traduce en unos 940 euros menos al año por trabajador en términos de salario.
Menos impuestos, más crecimiento y mismos ingresos
Reducir el IS hacia el entorno del 21% no solo no pondría en riesgo la recaudación, como demuestra el análisis realizado a partir de la Curva de Laffer, sino que también mejoraría inversión, productividad y salarios, reforzando la competitividad de la economía española.
REFORMA CLAVE: LIBRE AMORTIZACIÓN
El sistema actual penaliza estructuralmente la inversión
La amortización por tablas obliga a deducir las inversiones durante décadas, ignorando la inflación y el valor del dinero en el tiempo. Como resultado, las empresas españolas solo recuperan el 61% del coste real de sus inversiones, una de las cifras más bajas de la OCDE.
España castiga especialmente la inversión productiva e intangible
La penalización es mayor en maquinaria, tecnología, I+D y activos intangibles, precisamente los más relevantes para el crecimiento potencial. España arrastra un déficit persistente de inversión, especialmente en intangibles, frente a las economías avanzadas.
La inflación convierte la amortización en un “impuesto oculto”
Una inversión de 1 millón de euros amortizada en 10 años permite deducir solo unos 686.000 euros en valor presente real. El resto se pierde por inflación y coste de oportunidad, elevando artificialmente la base imponible.
La libre amortización elimina la distorsión fiscal
El modelo de full expensing permitiría deducir el 100% de la inversión en el momento en que se realiza, igualando gasto real y gasto fiscal. Esto reduce la tasa efectiva marginal sobre la nueva inversión al 0%, eliminando el sesgo actual del sistema, que mina la formación de capital.
Fuerte respaldo empírico internacional
Los estudios realizados apuntan que la inversión responde con mucha más intensidad a incentivos inmediatos que a bajadas futuras de tipos. De hecho, la aplicación en EE. UU., de la depreciación acelerada ha elevado el PIB (+0,4%), el capital (+0,7%) y el empleo (+73.000 puestos).
Más inversión = Más y mejor empleo
La evidencia indica una fuerte complementariedad entre capital y trabajo: las plantas que invierten más aumentan el empleo hasta un 9–11%, especialmente en puestos de producción que están mejor remunerados y son más estables.
Reforma prudente y bien diseñada
La propuesta formulada mejora la compensación de pérdidas y mantiene la neutralidad presupuestaria a largo plazo. Con la adopción de la libre amortización, España puede elevar inversión, productividad y salarios reales, quedando alineada con las mejores prácticas internacionales.

