Según los periodistas de OK Diario, durante el vuelo, la familia Sánchez estuvo sentada sin moverse. Ainhoa, dormida buena parte del trayecto. Los demás, despiertos. Begoña Gómez, refugiada tras unas gafas de sol todo el viaje. Algunas risas con Diego Rubio y, sobre todo, mucho hablar bajito al oído de su marido enseñándole el móvil.
La azafata pasó a ofrecerles un tentempié y un refresco. Begoña le contestó sin, ni siquiera, mirarle con un seco y rotundo «no». Tampoco le dió las gracias. Sánchez ni miró ni contestó a la azafata. La mujer del presidente lleva un almohada de viaje. El matrimonio apenas cruzó palabra, por no decir ninguna, con los padres de Sánchez en dos horas y media. Ainhoa y Carlota, sí. Estuvieron muy atentas a ellos. Al llegar a Madrid, Ainhoa se despidió, de manera espontánea, casi a gritos, de un amigo que viajaba al fondo del avión. Carlota sigue más seria. Ambas, muy cariñosas con sus abuelos.
Sánchez tuvo, en apenas dos y media de viaje, la oportunidad de engañar a otro ciudadanos más. Un pasajero se atrevió a saludarle y le pidió una foto. Él contestó: «Al llegar a Madrid». No era verdad. Al llegar a Madrid, todo estaba dispuesto para salir a toda velocidad del avión llamando la atención lo menos posible. Los escoltas bloquearon la salida de los pasajeros y todo el grupo familiar, con Sánchez a la cabeza, salió y bajó por la escalera lateral del finger. En pista les esperaba un microbús y un coche de la Guardia Civil detrás.
Antes de abandonar el avión, Sánchez comprobó que los Falcon son más cómodos que un avión comercial de la gente normal. Al levantarse del asiento, se dió un buen coscorrón con el compartimento superior del equipaje. Si hubiera ido en Falcon, como acostumbra, no le hubiera pasado.
La imagen de Pedro Sánchez usando un avión comercial para volver de Bristol no debería ser noticia. Pero lo es porque es inédita en estos ocho años tras haber abusado -más que usado- de los Falcon, los Airbus y los Super Puma del Grupo 45 del Ejército del Aire para viajes de recreo y privados.
Desde 2018, Pedro Sánchez ha dado más de 20 veces la vuelta al mundo en Falcon y Airbus. La falta de información es absoluta. Sánchez declaró secreto oficial todos sus viajes para no dar explicaciones.

