El problema es que quemadas sus naves políticas por las continuas mentiras a unos y otros, sus socios Frankenstein no son los mejores compañeros de viaje, por lo que no le queda mas remedio que encontrar nuevos caladeros de inocentes ciudadanos que se crean sus mentiras y estén dispuestos a colaborar con sus proyectos.
En este sentido, parece que los primeros pasos de este nuevo plan se podrían dirigir a una especie de firma de la paz con los empresarios, segmento de población con peso y posos social y que hasta ahora solo ha recibido el desprecio monclovita.
Ahora bien, como las grandes patronales saben con quien se tienen que partir el cobre y están hartos de desplantes y feos, los estrategas de Sánchez han pensado que podrían encontrar algún eco en ese grupo menos agresivo y que se autodenomina empresa familiar para iniciar un proceso de acercamiento al empresariado, parte importante de la sociedad española. Ahora bien, el acercamiento puede ser complicado sobre todo si se produce, como es el caso tras cinco años de plantón y polémicas.
Con estos precedentes los empresarios no terminan de creerse que el presidente del Gobierno haya aceptado asistir a la próxima Asamblea de la IEF que tendrá lugar a la vuelta del puente de mayo. Sánchez no había sido invitado hasta ahora a ninguna asamblea, pero sí a los congresos que cada año organiza el IEF. La última vez sin embargo que acudió fue en 2018 en Valencia. El entonces presidente del Instituto, Riberas, denunció en la apertura del acto que «no podemos permitirnos que se sigan adoptando medidas a corto plazo con la finalidad principal de garantizar la gobernabilidad» y Sánchez, que estaba escuchando con gesto serio, respondió con contundencia durante su discurso. Ante más de 500 empresarios, que representan el 60% del PIB y hasta el 70% del empleo del país, se lanzó al ataque y criticó que las grandes empresas apenas contribuían un 10% en el impuesto de sociedades, lo que provocó un profundo malestar entre los asistentes. Tras finalizar su discurso se produjeron algunos momentos de tensión con unos tibios aplausos y numerosas críticas en los pasillos.
Desde entonces, y aunque fue invitado año tras año, el presidente del Gobierno no volvió a asistir nunca más. Todo esta pendiente de confirmarse, pero el simple hecho de que se haya producido un acercamiento supone un cambio brutal y de insospechadas consecuencias.
Habrá que esperar y ver en que se concreta todo este cambio.