El informe “Poblaciones en peligro: acceso a la vivienda y pérdida de dotaciones” señala que la crisis de vivienda y la despoblación son dos caras de un mismo problema: el desequilibrio territorial. Hoy, el 84% del territorio concentra solo al 16% de la población, mientras las áreas urbanas acogen ya al 70%, tras sumar más de seis millones de nuevos residentes desde 2001.
Esta dinámica genera una paradoja: falta vivienda en las ciudades y sobra en el medio rural. Los municipios pequeños concentran casi la mitad del parque residencial, con niveles de desocupación que superan el 50% en muchos casos. Sin embargo, estas viviendas no siempre están disponibles por su estado, la fragmentación de la propiedad o el arraigo de los propietarios.
El problema se agrava con un efecto dominó: la pérdida de población reduce servicios básicos, lo que impulsa nuevas salidas. En la última década han cerrado cientos de escuelas, oficinas y centros de atención, debilitando aún más el atractivo de estas zonas.
A ello se suman factores demográficos como la baja natalidad, el envejecimiento y la falta de oportunidades laborales, que empujan a los jóvenes a emigrar a las ciudades. Más del 85% de los municipios pequeños tienen saldo vegetativo negativo.
El informe concluye que no se puede abordar la crisis de vivienda sin afrontar la despoblación. Sin políticas que integren vivienda, empleo y servicios, la brecha entre una España saturada y otra vaciada seguirá ampliándose.
