El jefe del Elíseo advirtió de que restaurar una guerra comercial, con proteccionismo por parte de EEUU y sobreproducción por parte de China, solo producirá perdedores. Por ello ha pedido que Europa sea «fuerte» y utilice las «herramientas a su disposición», como el mecanismo anticoerción: «es un instrumento potente. No debemos dudar en usarlo», ha aseverado.
Se trataría de la primera vez que la UE recurriría a este instrumento, como ha reconocido el político galo, que ha visto como la escalada de tensiones con Washington pone ahora presión del 200% en aranceles sobre el vino y el champán galo. «Lo sentiremos, pero es una consecuencia de no tener tanta predictibilidad», ha incidido Macron.
El líder francés se ha referido al escenario de «competencia» con EEUU, que través de su política comercial trata de minar los intereses exportadores y «debilitar y subordinar a Europa». Por eso ha señalado que los aranceles son «inaceptables si se utilizan para aprovecharse de la integridad territorial».
«No es momento para un nuevo imperialismo o un nuevo colonialismo», ha advertido el presidente de Francia, que ha enfatizado que actualmente hay más guerras abiertas que en 2024. El escenario de fuerza y ambición imperial deja en un segundo plano las reglas internacionales construidas en las últimas décadas: «estamos matando la estructura que permitiría solucionar la situación», ha incidido. El líder galo arrancó su intervención ironizando sobre el momento de «paz, estabilidad y predictibilidad» que atravesamos. En su discurso ha incidido en las nefastas consecuencias de aplicar políticas arancelarias desde el otro lado del Atlántico, en la necesidad de que la UE active por primera vez su instrumento anticoerción como respuesta y el deber de la UE de proteger su mercado interior para evitar distorsiones provocadas por terceros países.
En definitiva, Macron ha expuesto que hay dos opciones: o aceptar de forma pasiva la regla del más fuerte y caminar a un mundo de bloques con un enfoque colonial que los líderes no deberían aceptar, o bien defender el multilateralismo, con más soberanía, más autonomía europea y más cooperación. Entre los deberes pendientes de Europa se ha referido a la falta de crecimiento del PIB per cápita, la soberanía, la protección, la simplificación y la inversión. Lejos de optar por una postura proteccionista ha abogado por introducir la preferencia europea en los contratos de tal manera que se favorezca a las firmas comunitarias. Según ha señalado, tanto EEUU como China, protegen sus respectivos mercados y Europa ha sido «naife» al dejarlo totalmente abierto a las interferencias extranjeras.
