El analista económico Marc Vidal detalla las claves de un cambio estructural que consolida a la capital como el gran centro económico del país
Cataluña ha dejado de ser receptora neta de trabajadores por primera vez en 26 años. Así lo ha explicado el analista económico Marc Vidal en Cope. En concreto, la comunidad autónoma ha registrado un saldo negativo de unos 9.000 trabajadores netos en contratos laborales interprovinciales.
Este dato, es especialmente significativo en un país con baja movilidad laboral y apunta a un problema de carácter estructural. Por el contrario, la Comunidad de Madrid no solo crece, sino que absorbe trabajadores, sedes corporativas, inversión y centros de decisión, acumulando un saldo positivo de más de 200.000 contratos. Vidal describe este fenómeno como un modelo que se asemeja cada vez más al francés, donde una única metrópolis, París, «lo domina casi todo».
Preguntado por Herrera sobre las causas de esta situación, Vidal ha señalado que se debe a «cinco fuerzas acumuladas durante 25 años». Estas fuerzas combinan factores políticos, económicos y sociales que han ido decantando la balanza a favor de la capital española de manera progresiva. La primera de estas fuerzas es la gravedad institucional de Madrid, que concentra reguladores, ministerios y grandes clientes corporativos. A esto se suma el «shock político del procés en el 2017», que, en palabras del experto, «disparó el miedo de algunos inversores», marcando un punto de inflexión en la confianza empresarial.
Los otros tres factores que completan el análisis son la competencia fiscal más positiva de Madrid, su dominio en servicios avanzados como la banca, la consultoría o el capital riesgo, y el llamado «efecto red». Este último provoca que «cada nueva empresa atraiga a la siguiente», retroalimentando la concentración económica en la capital.
A pesar del panorama, Vidal considera que «todavía esto tiene remedio». Según ha explicado, Barcelona y Cataluña conservan activos estratégicos que Madrid aún no puede replicar, como su posición geográfica, un consolidado ecosistema de startups y un potente atractivo internacional para el talento global.
Para revertir la tendencia, el analista propone una hoja de ruta clara para Cataluña. Esta pasaría por proyectar estabilidad institucional, desbloquear el mercado del suelo y la vivienda, y aplicar una fiscalidad ventajosa para las empresas tecnológicas con el fin de que crezcan en la región en lugar de mudarse. Si se aplicaran estas medidas, el modelo español podría evolucionar hacia un equilibrio más dual, que, guardando las distancias, podría parecerse a la relación que existe en Estados Unidos entre Nueva York y San Francisco. Este escenario permitiría una competencia y complementariedad más sana entre los dos grandes polos económicos del país.
Sin embargo, el analista ha lanzado una seria advertencia si no se producen cambios en la estrategia catalana. «Si nada cambia, la tendencia se va a intensificar», ya que los efectos de dejar un modelo económico a la deriva, aunque tarden en manifestarse, acaban siendo devastadores. Cuando dejas un modelo económico a la deriva, los efectos suelen ser devastadores»
