Aunque ambas compañías mantienen el discurso de cautela y evitan dar por segura la operación, el mercado empieza a descontar que el proceso ha dejado de ser exploratorio. Estée Lauder ha presentado un crecimiento del 5% en ingresos trimestrales, frente al avance más moderado de Puig en términos reportados. Sin embargo, la diferencia responde en gran medida al impacto del tipo de cambio. La debilidad del dólar ha favorecido a la compañía estadounidense y ha penalizado las cifras de la catalana, lo que distorsiona la comparación.
La publicación de resultados coincide con un momento clave en las conversaciones. Estée Lauder ha reforzado su narrativa de recuperación, apoyada en la mejora de previsiones y en el avance de su plan de reestructuración, que eleva el ajuste de plantilla hasta un máximo de 10.000 empleados. Al mismo tiempo, Puig ha reiterado ante el mercado que no existe garantía de que la operación llegue a cerrarse, aunque confirma que las negociaciones siguen en marcha.
Uno de los principales puntos de fricción sigue siendo la valoración. Las estimaciones que maneja el mercado sitúan una posible oferta en efectivo para minoritarios en el entorno de los 18,5 a 19 euros por acción, por debajo de la media de los analistas. Esta circunstancia introduce tensión en la negociación, especialmente en un momento en el que Puig mantiene un crecimiento sólido en términos comparables.
Desde el punto de vista industrial, la complementariedad entre ambas compañías es evidente. Puig aporta un posicionamiento sólido en fragancias de prestigio y un porfolio de marcas con identidad propia, mientras que Estée Lauder ofrece escala global y una red de distribución consolidada en mercados clave. No obstante. A falta de un acuerdo definitivo, la operación ya está teniendo efectos en el sector. La evolución bursátil, la reacción de los analistas y los movimientos estratégicos de ambas compañías reflejan que el mercado anticipa algún tipo de desenlace.
