Además Europa afronta una situación especialmente delicada por su condición de importador neto de energía y por sus bajos niveles de reservas de gas natural licuado (GNL). A ello se suma el impacto del encarecimiento de los costes de transporte, seguros, fertilizantes y materias primas derivado de las restricciones en Ormuz.
La prolongación de la guerra con Irán supone un riesgo bajista adicional para el euro en el corto plazo, aunque el endurecimiento monetario del Banco Central Europeo podría limitar parte de las caídas de la moneda común. En este sentido, el mercado ya descuenta nuevas subidas de tipos por parte del BCE después de que Christine Lagarde reconociera recientemente que junio será el “momento adecuado” para reevaluar la política monetaria de la eurozona.
Divisas más vulnerables al conflicto
Además del euro, otras divisas asiáticas son también vulnerable. Entre el 80% y el 90% del petróleo consumido en Asia transita por el estrecho de Ormuz, lo que deja particularmente expuestas a monedas como el won surcoreano (KRW), la rupia india (INR), el bath tailandés (THB) o el ringgit malasio (MYR). También las economías de Europa Central y del Este aparecen especialmente sensibles a un nuevo shock energético debido a su elevada dependencia del euro y de las importaciones energéticas.
Monedas beneficiadas
En el lado contrario, los grandes beneficiados en el actual contexto continúan siendo el dólar estadounidense, las monedas refugio tradicionales y las divisas de países exportadores de petróleo. El dólar mantiene su fortaleza gracias a su papel como principal activo refugio global y al hecho de que Estados Unidos es exportador neto de energía, lo que reduce su exposición al shock petrolero. A ello se suma la resistencia de la economía estadounidense y un mercado laboral que sigue mostrando fortaleza.
El franco suizo y, en menor medida, al yen japonés son activos tradicionalmente defensivos que podrían seguir atrayendo flujos en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica. Asimismo, monedas de países exportadores de crudo como el dólar canadiense (CAD), la corona noruega (NOK), el dólar australiano (AUD), el peso colombiano (COP) o el real brasileño (BRL) podrían verse favorecidas por la mejora de sus balanzas exteriores, ingresos fiscales y reservas de divisas.
Pese a ello, el dólar podría iniciar una senda de depreciación gradual una vez se estabilice el conflicto y desaparezca parte de la actual prima geopolítica. En relación con este aspecto, los diferenciales de tipos entre la Reserva Federal y el BCE tenderán a estrecharse y que factores estructurales como el elevado endeudamiento estadounidense o las dudas sobre la autonomía futura de la Fed podrían ejercer presión bajista sobre el billete verde a medio plazo.
En términos macroeconómicos, el impacto sobre el crecimiento mundial será moderado siempre que el conflicto no vuelva a intensificarse. Por ahora, se descarta un escenario de recesión global, aunque advierte de que la inflación permanecerá elevada durante más tiempo debido al encarecimiento energético y a los posibles efectos inflacionarios de segunda ronda, especialmente sobre salarios y costes logísticos.
El desenlace del conflicto y el ritmo de reapertura de Ormuz serán determinantes para la evolución de los mercados de divisas durante los próximos trimestres.
