Corrigiendo por el gasto atípico ligado a la DANA, el déficit presupuestario total ascendió al 0,30% del PIB agregado en 2025, con un ligero retroceso con respecto al 0,18% de 2024. Así pues, las CCAA en su conjunto han incumplido el objetivo presupuestario del 0,1% del PIB. Sin embargo, ocho de ellas han cumplido el objetivo con un saldo presupuestario positivo (Navarra, País Vasco, Galicia, Baleares, Canarias, Asturias, Andalucía y Cantabria) y sólo 4 presentaron un déficit superior al medio punto de PIB (C. Valenciana, Murcia, Cataluña y la Rioja).
El informe anual sobre la evolución de las cuentas autonómicas que Fedea publica sugiere que los datos brutos de déficit de los últimos años son bastante engañosos. Los excelentes datos de déficit autonómico de 2020 y 2021 se debieron fundamentalmente a un aumento de las transferencias extraordinarias del Estado por encima de lo que habría sido necesario para cubrir los gastos generados directamente por la pandemia. La desaparición de estas transferencias, junto con la peculiar mecánica del Sistema de Financiación Autonómica (SFA), con entregas a cuenta calculadas ex ante y liquidaciones practicadas con un retardo de dos años, ayudan a explicar el fuerte repunte del déficit durante 2022 y 2023 pese a la recuperación económica. Finalmente, el repunte de 2025 desaparece si se suaviza la senda de ingresos para evitar el patrón de dientes de sierra generado por las liquidaciones del SFA.
Tras repasar la evolución de los ingresos, gastos y déficits autonómicos desde 2003, en el informe se construyen (desde 2014 en adelante) sendas de ingresos, gastos y déficits autonómicos depurados de atípicos, entre los que se incluyen los flujos financieros extraordinarios relacionados con la crisis del Covid y los posibles errores de previsión en el cálculo de las entregas a cuenta.
Déficit observado frente a déficit subyacente de las CCAA
Tras coincidir aproximadamente en 2019, las dos sendas de déficit divergen abruptamente en 2020 y se cruzan después para volver a juntarse en 2024 muy cerca del equilibrio presupuestario. Mientras que el déficit observado se reduce entre 2019 y 2021 hasta casi desaparecer y repunta con fuerza en 2022 y 2023, el desequilibrio entre ingresos y gastos depurados repunta en 2020 y luego se modera gradualmente. En 2022 y 2023, el déficit depurado se sitúa en torno a los dos tercios de punto de PIB, claramente por debajo del observado, pero a un nivel todavía elevado y muy superior a los objetivos de déficit establecidos para las CCAA. En 2024, ambos indicadores de déficit mejoran sustancialmente y se aproximan entre sí, pero vuelven a separarse en 2025, cuando el déficit observado repunta en dos décimas de PIB mientras que el ajustado mejora en 4,5 décimas.
Tendencias estructurales del gasto e ingreso autonómico desde 2019
En este caso llama la atención la resistencia a la baja en años recientes de los gastos e ingresos subyacentes, que no parecen querer volver a sus niveles prepandemia a pesar de la rápida recuperación del PIB. El gasto subyacente (excluidos los gastos extraordinarios atribuibles directamente a la pandemia) aumentó en 1,55 puntos de PIB entre 2019 y 2020 (fundamentalmente por la caída del PIB), pero desde entonces sólo se ha eliminado la mitad de este incremento pese a la recuperación de la pandemia y el rápido crecimiento subsiguiente. Por su parte, los ingresos subyacentes aumentaron en 0,84 puntos de PIB en 2020 y este incremento no sólo no se ha revertido en absoluto, sino que ha seguido creciendo tras el fin de la pandemia, hasta cerrar el período con una ganancia neta de 1,69 puntos entre 2019 y 2025.
